Mario Estrada, calzado con botas y en pantalones de lona, es la viva imagen de aquellas vallas electorales que prometían “vienen tiempos mejores”. De ser un invitado del Presidente al escenario principal en Los Izotes, Xalapán, pasó a ser el anfitrión del gobernante y sus ministros en la visita del viernes anterior. Los helicópteros del Gobierno transportaron poco después del acto a toda la comitiva y al propio Estrada a la cabecera de Jalapa. A la casa del ex diputado, con cancha de papifútbol, piscina, parqueo para media docena de carros y un jardín capaz de albergar a cientos de jalapanecos, llegó Álvaro Colom.
En un inicio, el Presidente y su comitiva compartieron un trago con boquitas de melón dulce y jocotes maduros en la sala principal, presidida por un retrato al óleo de Estrada a la edad de diez años.
Más tarde, se trasladaron a un salón abierto acondicionado en el jardín, donde los esperaba, junto a una marimba, la mesa de trabajo. Uno a uno los alcaldes de todo el departamento y los representantes de las cooperativas y los líderes de comunidades como la de Ladinos Pardos, convocados por Estrada, presentaron sus peticiones a Colom. Es obvio que los alcaldes no tienen claro cuáles son obras de responsabilidad municipal y cuáles del Gobierno central. Igual piden la construcción de alamedas, terminales de buses, proyectos de agua potable que caminos rurales o conexión a las carreteras principales. También piden que se contrate a maestros de sus comunidades en las escuelas públicas y a allegados suyos en los puestos de salud. Los ministros y secretarios toman nota de las peticiones en hojas de papel sueltas, pero entornan los ojos ante la lluvia de solicitudes. Y Estrada lo presidía todo en silencio.
La actividad fue transmitida en vivo, por televisión, por cable a una audiencia que el ex diputado estima en 150 mil personas. Es de su propiedad, como casi todos los medios de Jalapa, donde periodistas críticos suyos se quejan de ser hostigados. La radio, parte del conglomerado suyos, tiene alcance hasta la cuenca del Lago de Izabal, según dice.
Ya en el almuerzo se sirvieron tantos entremeses (pelibuey en barbacoa, gallina en caldo y luego frita, pavo al horno, chicharrones y carnitas) que el plato principal de pollo en crema y loroco apenas fue probado por los invitados. Estrada mostraba las imágenes de su obra social en el departamento.
Impulsa proyectos productivos, ¿sostiene? y las fotografías reflejan a mujeres campesinas en la siembra y cosecha de rábano, la producción de pan en hornos de adobe y la instalación de gallineros hechos de bambú y palma. Todo lo financia él mismo, asegura. Y cuando se le pregunta sobre su prosperidad dice que esta proviene de ser el representante de firmas comerciales como Vitro, de México.
En el sitio donde se posaron los helicópteros, Ángel María Cisneros, un campesino que produce café y vive en una casa de adobe y teja con piso de tierra, describe a Mario Estrada como un hombre dadivoso. “Compró el terreno de allá arriba para ponernos una escuela más cerca”, dice. Y Estrada, que orondo admite el hecho, sostiene que no se necesita gran cosa para tender una mano a las comunidades. “Ese terreno me costó Q1,500”, explica.
Estrada ganó el distrito de Jalapa como candidato a la Presidencia con el 33 por ciento de los votos válidos. Colom solo obtuvo el 12 por ciento de votos. De ahí que el Presidente haga la broma que tendría que darle un hilito de la banda presidencial por ese hecho. Según el Presidente, es notorio que el líder jalapaneco trabaja en fortalecer su partido sin descanso. Por ahora, cuenta con cinco diputados en el Congreso. Y un auténtico poder de negociación, que lo lleva, incluso, a sentar al Presidente en la sala de su casa.
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