El narcotráfico está estremeciendo al vecino país de México. Los principales estados mexicanos son hoy día el escenario de una de las luchas más cruentas que enfrentan los diferentes carteles mexicanos contra sus principales adversarios: las fuerzas de seguridad, los empresarios, la sociedad civil y, por supuesto, sus competidores de otros carteles.
En artículos anteriores he mencionado que Guatemala guarda similitudes con México. Inclusive los acontecimientos de las últimas semanas, marcadas con el sello de la violencia extrema que cubrió la masacre en Zacapa, nos lleva a concluir que son los mismos carteles mexicanos los que operan y luchan por el control del territorio chapín. Los narcotraficantes se han arraigado, al extremo que en algunos lugares los pobladores aseguran que “ellos” (los capos narcos) son los dueños, y amos de los pueblos.
Son evidentes las decenas de ferias que se realizan en el interior del país, donde los grandes patrocinadores de los eventos son los mismos narcotraficantes, quienes además de cubrir los gastos que implica la organización, los juegos, el licor y la comida; hasta importar grandes intérpretes de la música popular mexicana para amenizar las ferias o fiestas patronales.
Son muchos de esos artistas, invitados de honor a ferias guatemaltecas, quienes están siendo asesinados en territorio mexicano, lo cual constituye un hecho interesante si se toma en cuenta que muchos grupos musicales del oriente de Guatemala están comenzando a replicar esta modalidad de música popular denominada “los narcocorridos”.
En los últimos seis meses, las portadas de los principales diarios mexicanos han sido acaparadas con las noticias que anuncian el trágico asesinato de artistas de música popular que glorifican el oscuro mundo de los reyes de la droga.
Se han reportado más de 16 muertos en menos de dos años, todos en circunstancias violentas relacionadas con el crimen organizado y el narcotráfico. Ninguno de los casos ha sido resuelto hasta ahora.
El diario el The New York Times publicó un reportaje donde revela que las principales causas de estos asesinato son dos: “En primer lugar, algunos músicos parecen tener lazos con miembros del crimen organizado, lo cual podría hacerlos blanco de bandas enemigas. Otros han compuesto “narcocorridos”, estas glorifican a los dealers y asesinos, lo cual podría generar la envidia de los grupos adversarios”.
Por supuesto, ambos motivos son sugerentes, y se suman a la forma en que muchos de los cantantes fueron asesinados, con signos típicos de estas bandas. Entre los casos más impactantes de músicos asesinados se encuentran, Sergio Gómez, cantante de la banda K–Paz de la Sierra, intérpretes de la afamada canción Mi credo y recién nominado por los Premios Grammy. Este artista de 34 años fue golpeado, torturado, quemado con encendedor de cigarros y estrangulado con un cordón de plástico.
Mientras tanto, a Zayda Peña, de 28 años, cantante de Zayda y los Culpables, le dispararon y como sobrevivió al ataque, la siguieron al hospital y la mataron allí. En febrero, cuatro miembros de banda Fugaz también fueron asesinados tras ofrecer un espectáculo en Michoacán.
El reportaje de The New York Times, firmado desde Morelia, México, asegura que hoy día, los músicos más populares de aquel país reconocen su miedo. La industria discográfica mexicana está temerosa y piensa ya en una posible crisis para un sector de enorme éxito dentro y fuera de México.
En los últimos años, los “narcocorridos” han llegado a Estados Unidos de la mano de la población hispana, y Guatemala, por supuesto, no es la excepción. Sería interesante que los padres de familia de adolescentes le dieran una chequeadita al repertorio musical de sus hijos, seguramente descubrirían entre el Top 10 de su música preferida a muchos de estos grupos norteños que alaban las andanzas de los narcos.
El escritor Arturo Pérez Reverte popularizó en su novela La Reina del Sur el universo de los narcotraficantes mexicanos, un mundo aparte que mezcla su gusto por la cerveza Pacífico con los peligrosos alijos de cocaína y las horas muertas en los bares fronterizos escuchando los narcocorridos. Los Tigres del Norte, un grupo que ha sido muy aplaudido también en Guatemala, son los absolutos reyes de esta modalidad.
Guatemala es una extensión de México. En estos temas deberíamos estar alertas, empezar a empaparnos más de este flagelo del narcotráfico que ya amenaza al país y a sus jóvenes generaciones.
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