La negociación y la transacción sobre objetivos, objetos y sujetos legales y pacíficos, dentro del marco de la ética, es absolutamente permitida en política. Es más, ese es el Método Político. La capacidad de proponer, de convencer, de hacer acuerdos, de cumplirlos y de llevarlos a la práctica.
Ese es el Método Político de la democracia.
El robo, la negociación y la distribución de los botines del latrocinio, el engaño, la mentira, la marufia, la amenaza y hasta el asesinato, esos son los recursos de los energúmenos –personas poseídas por el demonio– de la política.
Construir su base de sustentación por parte de un político, en el pueblo al que se sirve, en los aliados políticos de largo plazo o coyunturales, pero con los que se comparten ideales y se hacen acuerdos de trabajo y de principio, esa es la actuación de un político.
Consolidarse como político con los recursos del narcotráfico y del lavado de cualquier dinero, venga de donde venga. Establecer como método de trabajo el chantaje. Apoyarse no en el pueblo, sino en la clientela política que puso plata y trabajo para obtener una buena tajada del puesto que se haya logrado. Eso es propio de advenedizos y apátridas, que solo se encuclillan ya sea de frente o de espaldas para obtener sus fines sin principios.
En Guatemala, la opción está dada, porque los partidos políticos la permiten. O se es un político digno de las mejores prácticas democráticas y universales o se es un embrutecido corrupto inspirado en el objetivo de obtener las mayores cantidades de dinero, a través de las mayores cantidades de poder.
He percibido por las informaciones de prensa, a Taracena transar, construir alianzas coyunturales y sacar adelante algunos temas. Pareciera que se inspira en el primero de los tipos de político aquí enunciados. En una entrevista dijo que si hacía bien su trabajo, sería mal tratado y cosecharía enemistades. Ya le han planteado amparos, en votaciones secretas sus propios diputados votan en contra y tratan de poner zancadillas en las alianzas coyunturales, pero hasta hoy lo ha logrado.
Actuar como un político democrático de la mejor envergadura, capaz de negociar y tranzar dentro del marco de la etica, es muy difícil y hasta quijotesco, pero es la forma de hacer política que más reditúa: a la política, a la democracia, al país, a los partidos y a los propios políticos.
Yo tengo la esperanza puesta en Guatemala y específicamente en que los verdaderos políticos algún día emerjan y se impongan. Ojalá esto fuera lo que esté sucediendo con lo que observamos en el Congreso con Mario Taracena.
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