Raúl Castro fracasará como gobernante. Cuando heredó la Presidencia de Cuba se proponía tres tareas. Primero, mantener el poder. Segundo, mejorar las condiciones de vida de los cubanos. Tercero, fortalecer la institucionalidad vigente en el país para asegurar la transmisión futura de la autoridad sin sobresaltos, especialmente cuando él y Fidel hayanmuerto.
Raúl sabe que él y su hermano tienen suficiente capacidad de intimidación como para gobernar sin consenso, pero ese poder no es transmisible. Son cinco, por lo menos, las razones que conspiran contra el éxito:
· El veto permanente de su hermano a cualquier medida aperturista. Acaba de suceder. Convocaron a una reunión para anunciar algunas leves disposiciones que facilitaban los viajes al exterior de los cubanos y Fidel no quisoadmitirlas. No ignora que el sistema es un desastre, pero es su desastre. En lo que decide morirse, su último y más triste papel sobre la tierra será sabotear cualquier medida de Gobierno sensata que el país necesite.
· Granma, el diario del Partido Comunista, acaba de publicar que el 19 por ciento de los cubanos no trabaja aunque les ofrezcan un empleo. Incluso, explican las razones: les pagan muy poco y en una moneda inservible.
· Raúl comprende la importancia de los estímulos materiales para motivar la laboriosidad, pero no puede satisfacerlos, porque el sistema es intrínsecamente improductivo.
· Durante casi medio siglo, Raúl Castro dirigió el Ejército con cierta habilidad y su instinto será tratar de manejar al país por los mismos métodos. Fracasará. Un ejército es una estructura vertical de ordeno y mando concebido para matar y morir eficientemente. Una sociedad moderna, innovadora y productiva, está basada en el cambio permanente.
· Cuba no puede vivir de espaldas al entorno histórico en el que vive. Los jóvenes cubanos de la década de los sesenta vivieron la (equivocada) ilusión de que construían el mundo del mañana. Los jóvenes cubanos del siglo XXI viven, con horror, la pesadilla de ser los últimos representantes del pasado, los fantasmagóricos sobrevivientes y guardianes de un universo que se hundió por su incompetencia y crueldad.
No sabemos cuándo Cuba comenzará su viraje hacia la normalidad –pluralismo político, democracia, libertades, derechos humanos, modelo económico racional, relaciones cordiales con sus vecinos, atmósfera sosegada–, pero nadie debe dudar de que esa es la única dirección en la que se moverá el país. Raúl puede favorecer el trayecto o puede entorpecerlo. Pero no está en su mano evitarlo de manera permanente.
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