Merece reconocimiento el deseo del presidente Álvaro Colom de que los guatemaltecos cuenten con atención médica gratuita en el sistema hospitalario nacional pues, de hacerse realidad, su administración estaría cumpliendo el precepto constitucional de que el Estado debe garantizar la salud de todos los habitantes del país.
Sin embargo, no debe descartarse el trascendental papel que han venido jugando los patronatos y las fundaciones, pues a su meritoria acción altruista se debe que se haya podido superar en el pasado reciente las increíbles crisis de desabastecimiento, desorden y abandono en que diversos gobiernos han mantenido irresponsablemente a los nosocomios y a los centros de asistencia social.
Después de su viaje a todo gas por Brasil, el gobernante debe aterrizar, poner los pies sobre la tierra y reconocer que si se elimina de un plumazo la participación de las organizaciones y contribuyentes generosos, podría estarse poniendo nuevamente en peligro al conjunto hospitalario, que no recibe de parte de la administración estatal todos los recursos económicos que son necesarios para hacer frente efectivamente a las enfermedades que sufre nuestro pueblo, particularmente en sus segmentos más pobres.
Los hospitales más importantes de Guatemala como el San Juan de Dios y el Roosevelt, así como estratégicos nosocomios del interior del país, hubieran colapsado totalmente, de no haberse contado con la meritoria, desinteresada y oportuna ayuda de los patronatos y las fundaciones. No hay que olvidar que los sacrificados médicos de salud pública han tenido que llegar al doloroso extremo de suspender su atención a los compatriotas enfermos por falta de medicinas y equipo. Hasta el agua potable ha faltado en los más importantes hospitales nacionales, como personalmente lo ha comprobado el ahora vicepresidente de la República, doctor Rafael Espada, precisamente médico de profesión.
En todo caso, los deseos del presidente Colom no deben quedar solamente contenidos en promesas. Su Gobierno debe proporcionar sin ningún retraso, ni dilación, los recursos económicos necesarios para que los hospitales del país cumplan con su obligada misión de atender satisfactoriamente a los guatemaltecos que han perdido su salud.
Debe ser reconocida la labor generosa llevada a cabo por los patronatos y las fundaciones, pues tales organizaciones han rescatado del naufragio al sistema asistencial. Sería lamentable que el caos y la ineptitud volvieran a reinar en el sistema nacional hospitalario, pues cuando la salud del pueblo está en juego se debe actuar con la mayor responsabilidad.
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