Es ya demasiado importante Guatemala para el narcotráfico internacional, como para que un solo capo quiera aspirar al monopolio de las rutas de la droga.
Por: Edgar Gutiérrez
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Bajo condiciones de acoso del Gobierno mexicano, los carteles están
reorganizando sus líneas de abasto y han traído su guerra al sur. ¿Qué
escenarios abre para el país este cuadro tan crítico? Guerra de baja intensidad Hasta ahora en Guatemala la guerra contra el narco había sido de baja intensidad. Si bien las dos generaciones conocidas de narcotraficantes anidaron sus fulgurantes imperios con métodos brutales, sostenerlos y consolidarlos les había retado a desarrollar otro lenguaje: sobornar policías, oficiales militares, fiscales y jueces; cortejar con generoso financiamiento de campaña a los políticos, e inocular los circuitos financieros y empresariales. Así, el Estado guatemalteco y notables porciones del mercado, se han rendido ante el poder corruptor del dinero del narcotráfico. Más allá del estupor, el país no tiene capacidad institucional de reacción ante el imperio de las drogas. A falta de interlocutores fiables, la DEA –la oficina antinarcóticos estadounidense– multiplicó en la última década sus operaciones encubiertas en Guatemala, tratando de identificar y desmantelar carteles. Varios casos ejemplifican esa estrategia: Byron Berganza, juzgado en una corte de Nueva York bajo cargos de tráfico de cocaína; Adán Castillo, ex jefe antinarcóticos capturado en 2005 tras recibir una invitación a EE.UU.; y Armando Llort, ex presidente del Crédito Hipotecario, ahora testigo protegido en EE.UU. Las autoridades salvadoreñas han jugado hasta ahora un rol clave para ejecutar capturas y extradiciones hacia EE.UU. de presuntos capos y, en general, ese territorio es la base de control más seguro de la DEA en la región. El factor México Sin volver la vista hacia México, no se acaba de entender el vuelco que está dado el cuadro del narcotráfico en Guatemala. Durante el sexenio pasado el presidente Vicente Fox emprendió una ofensiva antinarcóticos que logró sitiar el cartel del Golfo, encabezado por Osiel Cárdenas. Los carteles rivales, donde destaca el de Sinaloa (comandado por Joaquín Chapo Guzmán) montaron una alianza –la llamada Federación– aprovechando el momento de debilidad del cartel rival. Con el presidente Felipe Calderón, la estrategia de Fox se ha completado y las operaciones que movilizan a unos 25 mil efectivos militares se cierran como una pinza contra los carteles hasta entonces relativamente indemnes. Ese estado de emergencia de los carteles en México ha tenido el efecto de alterar las rutas de trasiego de drogas, volviéndolas más inseguras y exacerbando los enfrentamientos violentos. En Guatemala desde hace al menos 15 años, los carteles de Sinaloa y el Golfo labraron alianzas permanentes con varios grupos locales que progresivamente adquirieron, a su vez, dimensión de carteles. No obstante, ha habido entre algunos capos emergentes la aspiración de ganar autonomía de los mexicanos, entre ellos Otto Herrera, que finalmente fue extraditado desde Colombia cuando llevaba a cabo negociaciones directas. Pero en general, como se puede observar en el mapa, el control de rutas locales está en dependencia directa de los carteles socios en México, el Golfo y Sinaloa (ahora la Alianza o Federación). El territorio nacional está dividido en dos áreas de influencia: Izabal, Alta Verapaz, Petén, Quiché y Huehuetenango (la ruta norte) está controlada por los dos carteles más poderosos, de los Mendoza y los Lorenzana, aliados tradicionales del cartel del Golfo. Y la zona de la Costa Sur y Occidente con carteles menos grandes, pero en ascenso, como los de Chamalé, Luciano y Serceño, que son más cercanos al cartel de Sinaloa. “Juancho” León, la amenaza Hay rutas vitales para el narcotráfico en esta segunda zona que dibujan franjas en disputa ente los carteles mayores y los emergentes, en especial en el Pacífico y San Marcos. Son territorios donde la presencia de Juan José Juancho León –que se había independizado de los Lorenzana– se tornaba dominante. León, en efecto, comandaba a su grupo en una etapa de rápida expansión, pero además presumía –de acuerdo a fuentes periodísticas– de estar ganando preeminencia en el acceso a los políticos con poder y, por tanto, ampliaba su capacidad para decidir la rotación de autoridades policiales. Por eso Juancho León se estaba convirtiendo en una real amenaza para los carteles tradicionales. Y estos habrían decidido eliminarlo, a juzgar por la presencia de Los Zetas –el grupo de choque formado por Osiel Cárdenas del cartel del Golfo, conocido por sus métodos de ejecución extremadamente crueles– en la emboscada el 25 de marzo en el balneario La Laguna, en Río Hondo, Zacapa. Tres escenarios 1. Guerra sin cuartel. Se ha iniciado la guerra abierta de los carteles por el control de rutas. Guatemala es demasiado importante para el narcotráfico internacional. Por aquí transita y se almacena el 70 por ciento de la droga que se consume en EE.UU., esto equivale a más de 400 toneladas de cocaína anualmente. En este escenario un enfrentamiento exacerbado podría arrastrar a las propias instituciones de seguridad oficiales –dado el profundo grado de control de los carteles sobre estas– provocando una desestabilización de impredecibles efectos en el territorio nacional. 2. Administración de la guerra. La inteligencia acumulada por la DEA, sus soportes afincados en El Salvador y su creciente capacidad de coordinación con las autoridades mexicanas permitirían abrir un escenario en que los enfrentamientos entre grupos de narcotraficantes podrían inducirse y aprovechar la desconfianza creciente entre ellos para desmantelarlos selectivamente. En tal caso, igual que ocurriría en el primer escenario, las instituciones locales no serían un actor principal, aunque el Ejército sí podría ganar preeminencia. 3. Un hecho aislado. Este escenario presume que la ejecución de Juancho León ha sido un evento aislado, que la recomposición de los liderazgos en los carteles será lenta, las confrontaciones, aunque inevitables, tendrán dimensiones limitadas y en la búsqueda de controlar rutas para la droga los carteles locales ganarán autonomía para negociar internacionalmente, en tanto que las autoridades de Gobierno tendrían márgenes para provocar una reforma institucional, de la mano de la DEA y de sus contrapartes en México. En cualquier escenario, empero, la emergencia del narcotráfico ya está plantada abiertamente en un contexto muy delicado: se multiplican los conflictos sociales en el territorio, no hay márgenes para mitigar la inflación alimentada la crisis energética derivada de los altos precios del petróleo, la recesión en EE.UU. asusta a los inversionistas quienes se comportan de manera muy conservadora a la hora de tomar riesgos, las noticias internacionales de inseguridad en Guatemala ahuyentan el turismo, y la nueva administración de Gobierno de Álvaro Colom transmite la impresión de franca debilidad. |
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