Lo que fue una vistosa playa en el Pacífico, es hoy un cementerio de piscinas y casas a punto de desplomarse por un problema que comenzó hace cinco años.
Por: Paola Hurtado
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Ya casi no queda espacio para caminar en la playa de Iztapa. Las casas que años atrás tenían hasta 15 metros de frente están con los cimientos sumergidos en el mar, enfrentadas cuerpo a cuerpo con las olas que las golpean con inclemencia. De muchas, ya solo quedan escombros: piscinas derribadas, pedazos de paredes y pisos semicubiertos por arena, ante la mirada atónita, y a veces resignada, de sus propietarios. Los lugareños cuentan que el problema comenzó a notarse desde 2003, cuando se inauguró la barra artificial construida para evitar las inundaciones que provocaba el río María Linda . Desde entonces, las propiedades a orillas del mar empezaron a perder terreno, un metro, dos metros, hasta que el mar entró sin tocar la puerta. Un grupo de propietarios de chalés organizó ayer una reunión con representantes de la Municipalidad de Iztapa, de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) y la Empresa Portuaria Quetzal para exponerles su preocupación. Los muros de contención no están funcionado y los gaviones (mallas rellenas con piedras) son muy caros y no soportan tanto tiempo. El dueño de la casa donde fue la reunión colocó un muro de gaviones de 30 metros de largo por 8 de alto, cuyo costo superó los Q200 mil, y ya se le está desmoronando. Si no logra levantar otro antes de que se le introduzca el mar, perderá una casa y piscina a las que le ha invertido más de medio millón de quetzales en los últimos 10 años. Propietarios como él pidieron no ser citados en este artículo por temor a que las aseguradoras les anulen la póliza, su última opción si no se soluciona el problema. Pero otros dueños, como Elmer Barrera no tienen más que perder: su casa, está a punto de desplomarse y no la tiene asegurada. “Solo estoy esperando a que se caiga para construir una al fondo del terreno. Si el mar llega allí, ya no queda más que hacer”, comenta. Dragado y espigones La barra de Iztapa se terminó de construir en 2003, luego del dragado de 7 mil 650 metros lineales del canal de Chiquimulilla. Ambos sirvieron para reducir las inundaciones que provocaba la evacuación del río María Linda durante la época lluviosa. El proyecto, que benefició a 11 mil habitantes costó US$10 millones, de los cuáles, US$6 millones se pagaron con un préstamo del Banco Centroamericano de Integración Económica. Lo que no se previó fue lo que vendría después. Hacia el oeste de la barra, los terrenos comenzaron a ganar playa, y hacia el este comenzó la erosión. En la reunión de ayer, el auxiliar de Medio Ambiente de la Municipalidad de Iztapa, Francisco de Jesús Rivas, expuso que no había muchas opciones: o se construye un conjunto de espigones (muros de piedras perpendiculares a la playa) o el mar seguirá comiéndose las casas. Y si acaba con las propiedades, entrará de lleno al canal y, por consiguiente, al pueblo. Los espigones requieren de inversiones millonarias, trasladarían el problema hacia el este y afectaría a Monterrico. El funcionario municipal explicó que en la administración del ex presidente Óscar Berger (cuya casa de playa es una de las desplomadas y está abandonada), ya se había autorizado el proyecto, pero vino la tormenta Stan y se suspendió. Como medida paliativa, los ingenieros de la portuaria comentaron que si se draga nuevamente el canal y se dirige el sedimento hacia la playa, podrían ganar tiempo al mar. El delegado de la Conred para Escuintla, Moisés Cajas, propuso coordinar con la Gobernación Departamental una solicitud de ayuda urgente para Iztapa. “Cada año es peor”, comentó un lugareño que perdió su rancho y tiene a cien metros una barra natural que se formó el mes pasado, otra amenaza de inundación para el pueblo. |
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