Los procesos que llevan a las comunidades de Guatemala a la toma de fincas deben ser analizados en el contexto de los cambios políticos y económicos mundiales, combinados con la compleja historia de la tenencia de la tierra, el papel del Estado y, ahora, el impacto de la globalización económica y cultural en los pueblos indígenas, que son la mayoría de la población, pero que han enfrentado, desde el siglo XVI, un constante arrebato de sus territorios y han sido sometidos a procesos de esclavitud para controlar su fuerza de trabajo. Todo lo cual está bien documentado en los trabajos de Cabezas, Cambranes, Handy, Lutz, MacLeod, McCreery, Palma, Taracena, Zamora entre otros.
Las poblaciones indígenas campesinas han vivido en un contexto represivo, pero cuando se han abierto pequeños espacios de maniobra y han intentado utilizarlos, el Estado los ha reprimido violentamente. La historia nacional muestra que el Estado ha tratado de mantener un equilibrio entre los niveles de explotación y los de represión. Pero en el presente, la crisis en el campo es una combinación entre la desesperación del campesinado ante la falta de empleo digno, la trasformación del proceso tradicional de explotación del sistema agrícola nacional y los giros del sistema internacional.
La crisis nacional actual la provocan los cambios que ocurren en la economía global, la indiferencia del Estado -que responde a los intereses de la elite nacional- y la arrogancia de la elite internacional que niega su responsabilidad frente a los trabajadores de campo –y de la ciudad- y transfiere con suma facilidad sus capitales a áreas más seguras de inversión.
Irónicamente, hoy se vive un proceso en el cual se permite a los campesinos acceder a tierra, pero a través de una sola vía, la del mercado, que es injusta y que se ha convertido en el nuevo sistema de esclavitud. Colectivos organizados acceden a la peor tierra a precios impagables, en un momento en el que la lucha por la tierra ha cambiado de forma y de significado, porque ha sido rebasada por la misma historia, las circunstancias y los intereses de poderes como el del crimen organizado. Ahora, el anhelo de los sectores campesinos ya no es solo una reforma agraria que les permita acceso a tierra productiva, sino además, cómo se pueden incorporar a la economía global de manera justa con sus productos. Es excluyente y más explotadora que el sistema anterior.
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