Los guatemaltecos tenemos una capacidad espléndida para innovar.
El año pasado casi quebramos el sistema financiero. Dos bancos se desplomaron y por lo menos una financiera corrió igual suerte.
Ahora el mundo civilizado está siguiendo nuestros pasos. La mayor parte de la gente ni siquiera se ha enterado, pero las finanzas globales estuvieron a punto irse al abismo hace apenas tres semanas.
Uno de los cincos mayores bancos de inversión de Nueva York, Bear Stern, más endeudado de la cuenta y expuesto a la crisis crediticia, sufrió una corrida y por poco truena.
De no ser porque la suerte estuvo de parte de Wall Street –era viernes y la bolsa había cerrado— y la Reserva Federal agarró de la oreja a JP Morgan-Chase para socorrer al Bear y al sistema financiero, podría haber ocurrido un desastre de proporciones épicas.
Desde entonces, sigue la tempestad en los mercados y el panorama no ofrece muchas razones para el optimismo. Varios bancos internacionales siguen enfrentando problemas –tan sólo UBS confesó pérdidas la semana pasada por más de US$37 billones y según el Economist tiene otros USS30 bajo el cinturón —, y por primera vez el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, pronunció la palabra que nadie en Washington se había atrevido a decir: recesión.
La verdad, el debate sobre si los Estados Unidos está o no en una recesión –es decir si el país había alcanzado los indicadores utilizados para definirla— era básicamente académica. ¿A quién le importa lo que digan los especialistas, cuando la gente en la calle se comportan como si hubiera una recesión?
Para disipar las dudas, los indicadores publicados al final del primer trimestre en Estados Unidos sí apuntan hacia una contracción de la economía. Por tercer mes consecutivo subió el desempleo, que según los números oficiales –y subrayo lo de oficiales pues la realidad podría ser peor— llegó a 80 mil trabajos perdidos en el mes de marzo.
El consumo empieza a bajar y eso es palpable en la calle. Yo estuve en Nueva York la semana pasada y las tiendas lucen vacías. En los caminamientos dispuestos frente a las cajas registradoras no hay gente, y por primera vez en la vida uno resulta siempre al frente de la fila.
No es de extrañar. La gente se está quedando sin trabajo, cuando tiene la casa hipotecada hasta 2 y 3 veces, y una colección de tarjetas de crédito topadas al máximo. Con todo y lo manirrotos que se han vuelto los norteamericanos, las noticias de las últimas semanas les han quitado el impulso de gastar en excentricidades, y compañías como Coach –que sin ser Chanel o Prada venden bolsos de mujer hasta por US$800- están sintiendo el apretón. Y eso es sólo el comienzo…
A principios de año, cuando la situación económica de los Estados Unidos empezó a hacer titulares, los analistas de los organismos financieros internacionales se congratulaban, porque Latinoamérica está mejor preparada que en el pasado para enfrentar un período de vacas flacas.
Y en cierta forma es cierto. Existe hoy más disciplina fiscal en nuestros países, se exporta a más mercados y las reservas están más fuertes que nunca, sobre todo en el sur del continente, donde algunos países no han hecho feria las ganancias obtenidas con el alza de las mercancías como la soya. A pesar de ello, la situación resulta preocupante, en especial para las economías más frágiles y más relacionadas a los Estados Unidos, como las de Centroamérica. Para nadie es un secreto, por ejemplo, que Guatemala ha salido a flote en los últimos años gracias a las remesas enviadas por nuestros compatriotas.
Muchos de esos guatemaltecos trabajan en la industria de la construcción, una de las principales afectadas en esta crisis. Todavía no se han quedado sin empleo, pero desde hace algunas semanas sí están trabajando menos, lo cual tendrá un impacto en el ingreso de sus familias aquí.
Es posible que el comercio reciba un golpe, que los proyectos de vivienda popular se vean afectados y Dios no lo quiera, que nos pegue un coletazo de la crisis financiera.
A ello agreguen la debilidad del dólar, los riesgos de inflación en la economía de Estados Unidos, de la que tanto dependemos y los altos precios del petróleo. La situación no se ve bonita. Espero que el equipo de Álvaro Colom tenga las manos firmes en el timón del barco, porque la mar está brava.
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