Las remuneraciones docentes es uno de esos problemas en los cuales es difícil llegar a una respuesta definitiva. Por un lado, la percepción generalizada parece indicar que los maestros están mal pagados. Pero, por el otro, la evidencia estadística muestra que no están, en promedio, subpagados.
Afirmar simple y llanamente que los maestros están mal pagados, sin contrastar tal afirmación no dice mayor cosa. ¿Mal pagados? ¿Respecto de qué? ¿Del ingreso per cápita del país? ¿De lo que podrían ganar en otras ocupaciones? ¿De lo que ganan otros trabajadores con características similares? ¿Del costo de la canasta básica?
El salario promedio de los maestros de primaria del sector público es, por ejemplo, varias veces más grande que el ingreso per cápita del guatemalteco. Si se compara el ingreso de un maestro contra el del resto de la población, resulta que el maestro está mucho mejor pagado que cualquier otro trabajador. Si se compara este indicador con lo que sucede en otros países, el maestro guatemalteco se encuentra, relativamente hablando, mejor que muchos maestros de países desarrollados. Si se compara el salario de los maestros contra la remuneración que obtiene un trabajador con características similares, el maestro del sector público gana, en promedio, más de lo que podría obtener en el mercado dadas sus características laborales. Es decir que, si se toma en cuenta los años de educación, la experiencia y las características socio-demográficas de los maestros, el salario que ganan es mayor al que gana un trabajador con similares características en el mercado laboral. Si se compara lo que gana el maestro contra lo que ganan otras profesiones, el salario de los maestros es menor a lo que algunas profesiones universitarias. Sin embargo, hay que recordar que no se necesita pasar por la universidad para ser maestro, además de que el tiempo de trabajo efectivo tampoco es directamente comparable. Los períodos de vacaciones que gozan los maestros y la duración restringida de las jornadas de estudio dificultan la comparación contra otro tipo de profesiones.
¿Están los maestros mal pagados? Dada la evidencia existente no es posible concluir que lo estén; no al menos en términos relativos. Por supuesto, otra es la historia cuando se compara el salario contra la canasta básica. Pero también otra es la historia cuando se le compara contra el aprendizaje efectivo de los niños. En todo caso, lo que está fuera de toda duda es que no hay salario que compense la “insalubridad moral” en la que trabajan muchos maestros. Lo cual refleja la importancia de no reducir la problemática de la remuneración docente a un asunto únicamente relacionado con el nivel de los salarios.
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