Escucho el extracto de un encendido discurso de Álvaro Colom que el Gobierno hace transmitir en la radio, y recuerdo a Alfonso Portillo. Demagogia, pura y dura. Colom se refiere al remodelado aeropuerto La Aurora. Lo encuentra muy bonito, pero dice que fue construido con base en fondos regateados a la educación de los niños guatemaltecos y con base en la inseguridad ciudadana. Y lo dice en un tono lastimero, atribuyendo a sus antecesores insensibilidad o falta de solidaridad –una palabrita que le gusta tanto- ante las necesidades del pueblo.
Por favor presidente Colom, los fondos que se distrajeron de Educación y Gobernación no habían sido ejecutados por esos ministerios y habrían regresado al fondo común de no ser porque fueron orientados a esa obra. Necesaria y útil para el país, como tendría que reconocer un hombre que cree en el crecimiento económico con base en la apertura y desarrollo de mercados. Además, esos fondos no representan más que el 3.6 por ciento del presupuesto de Educación en 2006, y solo el 20 por ciento de la primera etapa de la nueva terminal, que por estos días se deteriora gracias a su Gobierno.
Los turistas se cocinan cual trozos de carne al horno merced al incumplimiento de pago del sistema de aire acondicionado. Y sus sabuesos aún no descubren un solo mal manejo de fondos. ¿Va a seguir la OACI a cargo de la remodelación? ¿Van a encontrar otra entidad que pueda ejecutarla a menor costo y con el mismo nivel de calidad y de experiencia?
Pero siguiendo la misma lógica de Colom, la que utiliza en su discurso, sin duda alguien podría venir a señalarle de lo mismo que atribuye a sus antecesores por gastar más de Q200 mil con tal de viajar en avión privado, sin incómodas escalas ni molestas esperas en aeropuerto alguno, hacia Brasilia. Hubiera salido más barato irse en una línea aérea. Peor aún me parece a mí, resultaría si al final sale a luz que en realidad el avión para llevarlo fue prestado por una empresa mexicana de gas cuyos intereses comerciales en el país son tan obvios que ni el más ingenuo se atrevería a creer en la inmaculada pureza de sus favores.
Con la misma forma de pensar, también se podría señalar de insensible al vicepresidente Espada, interesado, según informa la prensa por estos días, en comprar un nuevo vehículo blindado para su servicio. La red de hospitales públicos siempre va a necesitar más y más fondos, ¿es razonable cuestionar al Vicepresidente porque no oriente todo el dinero hacia esa sentida necesidad?
El presidente Colom no necesita de este tipo de retórica para posicionarse a sí mismo y para posicionar a su Gobierno. Antes bien, ese tipo de discursos le hace vulnerable. Su administración se muestra ocupada en priorizar obras en 53 municipios y dirigir hacia ahí la mayor cantidad de recursos para subsanar las necesidades más apremiantes de su población, sujeto de grandes iniquidades. Es lo razonable y será motivo de encomio si esa política alcanza sus objetivos. Pero no trate de persuadirnos de ser el primer Presidente que posee un corazón, con semejante perorata.
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