Según los expertos, los factores dinámicos de la crisis económica estadounidense son la debacle del mercado hipotecario, el encarecimiento del petróleo, el déficit fiscal, la desvalorización del dólar y la pérdida de confianza del consumidor. De cualquier manera, la recesión estadounidense ya está repercutiendo a nivel mundial y ya ha comenzado a manifestarse en América Latina, a través de importantes caídas en las bolsas, de anuncios de desaceleración económica y de una creciente incertidumbre que se ha generado entre los agentes económicos en la región.
Inequívocamente, la economía guatemalteca se verá afectada por la recesión. Se anticipa una disminución de los precios de nuestros productos de exportación, así como una reducción del monto de las remesas familiares y un fuerte retraimiento de la inversión extranjera y nacional, que son los factores dinámicos de la economía nacional. Las autoridades estadounidenses, para contrarrestar la crisis económica, que es prácticamente una estanflación (recesión combinada con la inflación derivada del alza de los precios del petróleo), han venido reduciendo la tasa de interés y decretando reducciones y devoluciones de impuestos a los contribuyentes. La idea detrás de estas medidas es estimular la inversión y la capacidad de compra del consumidor.
En Guatemala, la autoridad monetaria persiste en elevar las tasas de interés, con el fin de atacar el alza general de precios. La intención es restringir la liquidez a través de la esterilización de la masa monetaria. Empero, en lo que no repara la autoridad monetaria es en que el detonante inflacionario no obedece a factores domésticos sino externos, específicamente el alza de precios del petróleo. O sea que la inflación es importada y no doméstica.
Luego, una política monetaria de restricción de liquidez, en vez de aliviar la inflación, podría acentuar la contracción, al igual que una política impositiva agresiva como la que está cocinando el actual Gobierno.
El Gobierno debería ordenar un diagnóstico económico independiente, antes de adoptar decisiones que podrían resultar contraproducentes. Este diagnóstico debería proporcionarle datos que confirmen un creciente desempleo, un retraimiento en el consumo, un menor dinamismo en la inversión y signos de desconfianza entre los agentes económicos. En todo caso, la idea es salir del atascadero y no atascarnos más.
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