Creo que todos apoyamos el necesario ajuste de jubilaciones, especialmente aquéllas que han quedado por debajo del salario mínimo mensual.
Parece paradójico que deseando mejorar las pensiones de los jubilados del Estado, los congresistas no aprobaran la iniciativa legislativa que provenía de la Comisión de Trabajo. Sin embargo, es justo reconocer que el Congreso actuó correcta y prudentemente, previniendo un mal mayor: abrir las puertas para una espiral inflacionaria.
El Congreso rechazó la propuesta de indexar o vincular un “incremento salarial automático y anual en el mismo porcentaje” del ritmo inflacionario, “sin excusa ni pretexto” como expresaba la iniciativa de Ley, para aumentar las jubilaciones y pensiones del régimen de clases pasivas del Estado.
La última vez que se revisó este régimen, en 1999, se estableció la pensión mínima, un bono anual equivalente a un mes de pensión (pagadero en julio) y el ajuste automático de las jubilaciones por la mitad del porcentaje del incremento promedio a los trabajadores activos del Estado. ¿Será que se ha venido cumpliendo la ley?
Actualmente, el régimen tiene un déficit anual de Q1,685 millones; se pagan pensiones por Q2 mil 322 millones, pero los trabajadores activos solo contribuyen con Q637 millones.
Todas las bancadas se comprometieron a buscar una solución integral y de fondo al tema de las pensiones y jubilaciones, sin dejar de reconocer la necesidad de ayudar con prioridad a quienes reciben pensiones por debajo del salario mínimo.
La ausencia de una política nacional de previsión social para el retiro, que cubra tanto a trabajadores públicos como privados, provoca que iniciativas con la mejor intención puedan sembrar la semilla del desorden económico.
Si se indexan a la inflación, pensiones, jubilaciones, sueldos, salarios, prestaciones, insumos, rentas, costos, precios, inmediatamente los comerciantes darán por descontado que habrá aumentos automáticos para todos, que provoca que los precios de los productos suban en espiral. La inflación afecta a todos pero especialmente a los más pobres.
La solución de fondo no está en contrarrestar los efectos de la inflación, sino en atacar sus causas. La pérdida de poder adquisitivo del dinero es, primordialmente, consecuencia de la política monetaria.
Por eso es bueno que en el reverso de los billetes de Q1 aparezca el edificio del Banco de Guatemala, porque esta imagen nos recuerda al responsable de promover la estabilidad en el nivel general de precios, preservando el valor de la moneda y el poder adquisitivo del dinero.
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