Isabel hace puntitos cuando copia las tareas de ciertas materias para recordar que debe llevar el libro de texto a casa. Con un marcador fluorescente señala la parte central de las instrucciones del examen, que advierten “marcar con una x” para no colocar un círculo que probablemente le valdría la anulación de las respuestas.
Tiene 11 años y asiste a terapia desde los 7. Los especialistas la diagnosticaron con déficit de atención pasivo. Sí, en apariencia Isabel era una de las alumnas más atentas en clase. Pero una queja común de sus maestras era que “solía vivir en la luna”.
El acompañamiento de una terapista que la ayuda a organizar su tiempo, ha sido justificado y a encontrar vías alternas de aprender. Sin embargo, el auge de la contratación de tutores y psicólogos, en algunos casos, sin una razón justificada resulta preocupante, reconoce Yoshi Alcalá, psicóloga del colegio Evelyn Rogers.
Se estereotipa a los niños con déficit de atención cuando son demasiado inquietos y se les envía a terapia”, agrega.
En otros casos se han diagnosticado niños con déficit de atención, y cuando son evaluados por un neurólogo pediatra tienen otro trastorno distinto o ninguno. “En ocasiones sólo se requiere de atención individual y estimulación positiva”, dice Alcalá.
¿Se desentienden los maestros de esos “niños difíciles”? Para Claudia Bosch de la Asociación de Padres y Profesionales por el Niño con Necesidades Especiales (Appanne) mucho depende de la voluntad de los docentes. Aunque reconoce que el elevado número de estudiantes dificulta la atención especializada.
Según Ana Asturias de Montes, también miembro de Appanne, los maestros flexibles son aquellos que hacen pequeñas adecuaciones curriculares dentro de las clases. Por ejemplo hacer un examen oral en lugar de un escrito, evaluar la mitad de una prueba o hacerla en dos tandas, sentar al pequeño al frente. Pero para ello es indispensable que estén capacitados.
10 por ciento
En el colegio en el que la psicóloga infantil Virginia Díaz trabaja, estima que el 1 por ciento, de una clase de 30 alumnos, requiere de apoyo psicológico.
Mientras que un 10 por ciento estudia con la ayuda de un tutor.
Hijos de familias disfuncionales, padres trabajadores, conforman el grueso de los usuarios de esos servicios.
La demanda aumenta entre quienes requieren de un tutor en un segundo idioma y se hace más creciente cuanto más se avanza en la primaria.
Por lo general, la clase dictada por un tutor oscila entre Q100 y Q150 la hora. En tanto que la sesión con un terapista va desde los Q200 en adelante.
1 comentarios: