Cuando entré a trabajar al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1963, mi jefe, Luis Aycinena Salazar, me dijo que me abría una ventana al mundo. Al principio no me parecía. Por mi conocimiento de idiomas me pusieron de tarea abrir todos los paquetes con publicaciones de los organismos internacionales, enterarme de qué trataba cada documento y clasificarlos para su reparto interno en la Cancillería. Trabajaba en un cuarto oscuro y húmedo del Palacio Nacional.
Operaba lo más acelerado que podía pero los paquetes seguían llegando más rápido, de manera que se apilaban sobre mi escritorio tapándome completamente. Me parecía al burócrata que años después aparece en una película de Bergman: El Huevo de la Serpiente.
Sin embargo, con los años esa profesión me llevó lejos. En misión de promover los intereses del Estado de Guatemala, llegué a ser por cinco años Viceministro de Relaciones Exteriores, conocí a decenas de presidentes y jefes de Estado de todo el mundo, incluyendo a los reyes de España, Nelson Mandela, los Clinton, Fidel, llegué a presidir la Conferencia Ministerial de No Alineados en la India y la Ministerial de Democracias Renacidas en Mongolia. Soy diplomático de carrera con el rango de Embajador y cuando concluyó mi último tiempo de Viceministro pasé a disponibilidad. Sin embargo, el Gobierno pasado no me llamó a servicio, por el contrario, en ese momento yo era candidato a presidir un Organismo Regional y retiraron mi postulación sin decirme nada, en tanto yo seguía haciendo campaña.
Debo agradecer al presidente Álvaro Colom y al canciller Haroldo Rodas que me han encomendado la Embajada de Guatemala ante Alemania, país en el que pasé parte de mi juventud. Igualmente tengo la concurrencia ante Polonia.
Aparte de diplomático he sido académico, trabajado en universidades y centros académicos en Guatemala y el exterior. Entre la diplomacia y la academia he recorrido todos los continentes. También hice política en los años del fuego, los de la guerra. Esa época la contaré en unas memorias que estoy escribiendo.
Pero llevo en la sangre una cuarta dedicación, heredada de mi padre el gran maestro del periodismo que fue León Aguilera García. Por eso me gusta escribir columnas, últimamente gracias a la generosidad de elPeriódico y dialogar con usted lector. En la medida de lo posible le seguiré ofreciendo mis comentarios y leyendo sus reacciones.
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