Según reciente informe de UNICEF, el 70 por ciento de los niños indígenas menores de cinco años son víctimas de los devastadores y terroríficos efectos de la desnutrición. La padecen 118 municipios por encima del 59 por ciento. Quince de estos tienen más del 80 por ciento de sus niños sufriendo hambre. En resumen, Guatemala tiene el 49.3 por ciento de desnutrición crónica. Por cierto, el índice más alto de América Latina y el sexto en el mundo. Esto merece un llanto nacional ¡poca bulla se ha hecho para semejante realidad!
También se informa que Guatemala está a punto de convertirse en una especie de desierto. Tierra enferma, con baja inmunidad. La imagino como dátil deshidratado, con montañas calvas, ríos secos, bosques desvalijados, piel arrugada, aire opaco, flores grises y dos mares solitarios llorando el destino con su esencia salada. Sin su eterna primavera.
¿Qué hemos hecho para detener semejante ruina? La visita de Leonardo Boff, un personaje mundial, apasionado y comprometido con la dignidad del ser humano y del entorno ambiental, habla de los retos que hoy debe enfrentar la educación: formar pensadores críticos, creativos y cuidadores de su cultura y medio ambiente. Parece franco preguntarse entonces: ¿responde nuestro modelo educativo a esas metas? ¿Somos sensibles, guardianes conscientes del sufrimiento colectivo, responsables y dispuestos a salvar las condiciones de muerte que encaramos día a día? Revisar los contenidos escolares es buena idea para determinar qué tipo de ciudadanos estamos formando. ¿Estamos frente a una crisis o frente a una tragedia? Crisis implica que aún hay esperanza, que a través de esfuerzos como la educación aún podemos cambiar los designios del futuro, los presagios oscuros que auguran sequía, tanto de seres humanos como de tierra. Tragedia sería estar frente a una situación sin solución, en donde aparece el término fatum representando un triste y trágico final. Más allá de la competitividad y los sueños, nos urge formar pensadores críticos, promotores de proyectos, cuidadores profundos del conocimiento y dispuestos a salvar, a rescatar este barco que flota en un mar sin horizonte.
Es urgente revisar si estamos integrando auténticos guerreros con capacidad de declararle batalla a la desnutrición, a la sequía, a la muerte, a la violencia, a la corrupción, a impedir tragedias y a solucionar la crisis que enfrentamos. ¿Crisis o tragedia? ¡Nosotros escogemos!
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