A continuación un relato–ejemplo de las peculiaridades del “Desorden del Déficit de Memoria Activado” D:D:M:A:E. Aunque la información fue oportunamente circulada vía Internet –ello a algunas pocas personas– consideramos importante generalizarla en un intento de alertar a los de: “¿Dónde carajo dejé mis lentes?”, sobre el trasfondo que pudiera implicar para la vida y salud cotidiana el uso repetitivo de dicha expresión o alguna otra de la misma índole.
“Juan, decide lavar el auto para lo cual se dirige hacia su garaje, pero ve en el camino que el correo llegó y que está sobre el escritorio. Decide entonces previamente revisar la correspondencia. Pone entonces las llaves del carro sobre el escritorio, tira la correspondencia que no le interesa y se da cuenta que la papelera está llena y rebalsa... Pone las cuentas y las facturas recibidas por pagar en el escritorio con la intención de primero vaciar la papelera –lo que deja para más tarde puesto que abre la gaveta para guardar las facturas y decide entonces aprovechar el momento para hacer los cheques y pagar inmediatamente las cuentas pendientes. Encuentra la chequera donde queda un solo cheque y piensa que debe haber otra, que está quizás en el segundo cajón del escritorio. Se fija entonces que sobre el escritorio está el jugo que estaba tomando ayer por la noche y decide poner el jugo en la refrigeradora para tomarlo bien frió más tarde. Con tal propósito Juan camina hacia la cocina con el vaso en la mano y observa al paso que las plantas del hall necesitan agua. Deja el vaso sobre la mesa de la cocina y sorpresa: “¡carajo!” ahí estaban los anteojos que había estado buscando desde ayer y decide guardarlos “bien” inmediatamente.
Finalmente llena una jarra con agua destinada a sus plantas sedientas... Pero, ¿qué está haciendo el control remoto de la televisión en la cocina? Juan decide ponerlo en la sala donde corresponde pero antes riega las plantas , encharca el piso que piensa secar enseguida por lo cual tira el control remoto sobre el sillón y prosigue hacia el garaje tratando de recordar lo que lo había llevado ahí al inicio de su mañana.
Y así sucede que al final del día atareado de Juan:el auto sigue sucio, el vaso de jugo esta sobre la mesa de la cocina y no en el refrigerador; el piso sigue encharcado, una sola chequera con un solo cheque en la gaveta y las cuentas sin pagar, sus anteojos tan bien guardados que ya no recuerda dónde los puso y finalmente se pasará más tarde y buen rato buscando las llaves de su auto y el control de la televisión al no recordar dónde los puso ni cuándo... y es así que Juan se extrañará entonces, por haber pasado todo el día tan ocupado y con tan pocos resultados.
El loro parlanchín se divierte aunque pronto tampoco recordara por qué.
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