Definitivamente no es fácil gobernar Guatemala. Pero allí está usted, señor Presidente, haciendo realidad su tan anhelado sueño de llegar al poder, que le costó más de 15 años de campaña proselitista y muchos millones de dólares. Yo, lo felicito presidente Colom. Sin embargo, lo preocupante de su caso es que la vida no solo consiste en alcanzar metas; sino también requiere de líderes eficaces y con visión clara, algo que parece que usted no ha tomado en cuenta.
Hasta el día de hoy, los hechos están demostrando que todos estos años no fueron suficientes para que usted realizara un plan de Gobierno coherente, sensato y eficaz. Más de cien días de Gobierno son la evidencia contundente del descontrol que existe entre sus filas. Todas las instituciones han sido desarticuladas. Funcionarios que demostraron su eficiencia e hicieron una gran labor en la modernización del Estado, como Arturo Saravia Altolaguirre del Registro Mercantil, Arabella Castro del Registro de la Propiedad Inmueble y Harris Withbeck fueron removidos de sus cargos por otorgar sus puestos a amigos del partido. Ojalá que su buena obra no se detenga.
Pero lo más alarmante del caso, es la ausencia de un plan de seguridad nacional. El país está desmoronándose. Cada amanecer aparecen más mujeres asesinadas brutalmente, las balaceras son el pan de cada día y las áreas protegidas son copadas por narcotraficantes en lugares como Petén, Izabal y Zacapa, entre otros, que se han convertido en tierra de nadie. Los narcos se masacran impunemente y libran una lucha sin tregua por ganar territorios. La autoridad, simplemente no existe.
Pero la gota que derramó el vaso fue el asesinato, el pasado martes, de Víctor Rivera, el investigador de más trayectoria y experiencia en Guatemala, quien durante 15 años apoyó a gobiernos de turno, empresa privada, banca y sociedad civil.
Víctor, era una pieza clave en la seguridad del país. Nadie como él conocía los tentáculos del crimen organizado, sus nombres y apellidos, resolvió más de 1,200 casos de secuestro y otros de alto impacto. Él tenía la información, era la fuente más confiable, pero también la más eficiente.
Por ello fue que desde la llegada de este venezolano a Guatemala, en épocas de Álvaro Arzú, cuando las bandas de secuestradores proliferaban, Víctor se ganó un importante nombre resolviendo casos contra el crimen organizado.
Y repentinamente, por razones que no están claras, el presidente Colom lo retiró como asesor de Gobernación, donde dirigía y controlaba las investigaciones. Se dijo que el motivo de su retiro era por presión de organismos de derechos humanos que lo acusaban de haber estado implicado en limpieza social. Nada confirmado. Pero también se sabe que hubo fuertes presiones dentro del equipo que maneja la seguridad de Colom y otros miembros del partido que consideraban que no era de su “equipo”.
Hoy día, lo único certero es que la salida abrupta de Rivera deja muchas dudas en el camino, particularmente porque su destitución se hizo días después de la masacre en Zacapa, donde aún no se resuelve nada.
En el ambiente hay preguntas sin respuestas. Es un hecho que Víctor sospechaba movimientos en su contra. Días antes de ser asesinado concedió entrevistas a la prensa, una práctica inusual en él, que siempre pasó desapercibido y era enemigo de las cámaras.
Rivera investigaba algo importante. De hecho, el día de ayer debía de entregar un informe de sus investigaciones al Ministerio Público. Pero el Gobierno de Colom no confiaba en él, de allí su destitución repentina y el haberlo dejado a la deriva y sin seguridad, con lo cual se firmó su sentencia de muerte.
En el sector de inteligencia y en el área de periodismo, Víctor siempre fue considerado un “gurú de la información confidencial, por eso las grande incógnitas son: ¿dónde habrá quedado todo su legado investigativo?, ¿se perderá la información que poseía?, ¿quién guarda sus minuciosas investigaciones y su computadora personal?, ¿qué pasará con la información sobre el asesinato de los diputados del Parlacen que por más de un año trabajó?
El atentado contra Víctor fue perpetrado por profesionales, cinco disparos certeros con una sencilla arma de 9 mm, acabaron con su vida en tres minutos. El asesinato de Víctor envía una clara señal al presidente Colom y sus funcionarios. Pero también a los sectores empresariales, de prensa y sociedad civil: la anarquía y la impunidad campean en Guatemala y el Gobierno ha sido atado de manos.
Un buen precedente sería investigar con firmeza y seriedad qué se esconde tras el asesinato de Víctor y someter a la justicia a los responsables de este crimen. Pero ahora, ¿quién lo hará?
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