Si bien es cierto que es toda una verdad bíblica que Jesús dijo:“Dadle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, para que los principios religiosos no se inmiscuyeran en situaciones de convivencia terrenal, también es otra verdad, aunque no divina, que la situación de ignorancia y desamparo en que viven millones de guatemaltecos con su mente saturada de supersticiones por un lado, y anatemas religiosos por otro, hemos llegado a límites de sometimiento y destrucción moral que ningún ser o espíritu divino pudiera respaldar con su silencio. La realidad nuestra es, que por la ineficiencia del sistema educativo y la incapacidad del sistema de justicia para hacer que las leyes se cumplan; la circunstancia intruye implorarle a los líderes religiosos una reflexión, un sesgo, una inclusión urgente en su forma de predicar para que ellos, como guías espirituales de sus feligreses los informen, les hagan saber como defenderse y sobrevivir ante tanto olvido, tanto abuso y tanta vejación humana.
La indefensión de las víctimas clama porque no solamente se les recalque sobre el pecado, el demonio y las llamas del infierno. Ni de estimularlos a la aceptación de todo sufrimiento con la frase: “lleva tu cruz”. No debería seguir siendo factible que los líderes religiosos no puedan decirle a un niño o a una niña, cómo reaccionar, como gritar, cómo defenderse de padres, hermanos, padrastros, maestros etcétera, que los someten a los más inefables abusos sexuales. No es posible que miles de mujeres sigan siendo golpeadas y asesinadas por sus convivientes despreciados, porque no saben a dónde acudir ni quién puede prestarles auxilio. No es posible que tantas madres del área rural sigan siendo engañadas para entregar a sus pequeños hijos a los traficantes de adopciones. No es posible que tantos jóvenes –hombres y mujeres – sigan siendo contaminados de sida y enfermedades de transmisión sexual, porque hablar de eso es un tabú religioso.
Pronto responderán que no es el papel de los predicadores hablar a los feligreses de esos temas. Pienso, que así como cuidan del espíritu, la fe y la moral de su iglesia, debieran reflexionar acerca de lo que experimentan esas víctimas.
El Instituto de la Defensa Pública Penal y la Comisión de la Mujer del Congreso de la República están haciendo lo propio por unas leyes que permitan la sanción a estos delincuentes. No será suficiente promulgar la Ley, sino que con ella o sin ella, la mayoría de guatemaltecos y guatemaltecas sepamos a quién recurrir, cuando algo de esa índole suceda. En 2007 hubo 42 mil casos de denuncias por agresiones violentos. De estos 5 mil fueron niños agredidos por alguno de sus padres. Según el Fondo de Naciones Unidas para la infancia, uno de los más graves problemas que afectan a nuestra niñez son el abuso sexual y el maltrato infantil a menores de nueve años. La contaminación por el sida y las enfermedades de transmisión sexual es galopante. Una manita entre todos los sectores que dan formación humana no caería mal. Si viene de los sectores que se dedican a la prédica religiosa, sería como agregarle una larga lista más a su arduo trabajo.
Agregar comentario:
6 comentarios: