Vucub Caquix, el hombre superior, a quien la sociedad no tolera.
Rigoberto Juárez-Paz
El otro día me encontré con Nicolás Buonafina en el supermercado. Hacía muchos años que no le veía. Además de recordar su programa de radio (creo que se llamaba Una voz en la noche, al que me invitó en más de una ocasión) a Nicolás lo recuerdo por sus aficiones filosóficas y algunas de sus publicaciones en El Imparcial. Creo recordar que a él le interesó mucho Las memorias de Vucub–Caquix, uno de los relatos que forman parte del volumen Cinco relatos contra el olvido, obra mía que la UFM hizo publicar en 1991, como parte de la conmemoración de los primeros 20 años de su vida institucional. Vucub Caquix es la versión guatemalteca del hombre superior, aquel cuya existencia la sociedad no tolera y busca la manera de destruirlo o anularlo o castigarlo de alguna forma.
Algunos recordarán que Vucub–Caquix dice verlo todo, entenderlo todo, serlo todo “porque” su vista alcanza muy lejos. El fundamento de dicha afirmación es que cada uno de nosotros es aquello que ve o entiende. De modo que las fuerzas represivas del Estado buscan y encuentran la forma de anularlo. Si Vucub–Caquix lo es todo “porque su vista alcanza muy lejos”, será preciso destruir la fuente de su orgullo y, como todos lo sabemos, la sociedad o los dioses deciden “reventarle las niñas de los ojos” para que su pretendida grandeza carezca de fundamento. La sociedad que describe el Popol Vuh es una sociedad que desconoce completamente y, en consecuencia, tampoco valora la libertad, situación que no ha cambiado mucho en los últimos 500 años. Nosotros valoramos la independencia de España, de México y de cualquiera otra nación, pero el escaso aprecio por la libertad de los individuos respecto del Estado es compatible con el aprecio de la independencia de otros estados. Uno puede pertenecer a un Estado independiente y ser víctima de la tiranía de ese Estado independiente. Los ejemplos sobran.
Pero Nicolás me habló de otras cosas. Concretamente, me pidió que tratara de presentar a los lectores de este diario una versión simplificada de los principales elementos de la filosofía de Héctor–Neri Castañeda, nuestro tan grande como desconocido filósofo, mi primera reacción fue decirle que lo que me pedía es muy difícil si no imposible. Yo he tratado de hacerlo en más de una ocasión y no me siento satisfecho de haberlo logrado. Por ejemplo, en el prólogo a mi traducción de la Autobiografía Filosófica de Castañeda, que publicara la UNAM como el volumen 63 del Instituto de investigaciones filosóficas, en 1998, escribí:
(1) “Una teoría verdadera del pensar exige que el contenido del pensamiento en cuanto tal sea indiferente a la existencia (el pensar no tiene porque solo referirse a lo existente). Esta es una tesis kantiana a la que Castañeda llegó por sus propios medios”.
(2) Un individuo pensable, ya sea que exista o no en la realidad, es un conjunto de propiedades concebidas que pueden darse juntas o coincidir. Esta es la esencia de su teoría de las guisas.
(Recuérdense expresiones como “a guisa de ejemplo’’). “Esta teoría, escribe uno de sus críticos, puede entenderse como el desarrollo sistemático de una idea principal: no todas las mismidades son identidades. (Por ejemplo: el lucero de la mañana no es idéntico al lucero de la tarde, aunque los dos luceros son el mismo planeta Venus). Para que dos cosas sean idénticas tienen que tener exactamente las mismas propiedades; y lo que es verdadero de una tiene que ser verdadero de la otra. El lucero de la mañana (o nixtamalero) no es idéntico al lucero de la tarde, pues el lucero de la tarde no tiene la propiedad de ser visible en el cielo del amanecer)”. Pero la teoría de las guisas se puede concebir como algo que surge “de la firme insistencia en la completa y universal univocidad ontológica de la referencia”. Daré algunos ejemplos.
tengo el honor de conocer perzonalmente a Nicolas Buonafina ultimamente no se de el e leido muy buenos articulos de el mi pregunta ud tiene su correo le agradecere ya q quisiera saber de el.
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