Durante los últimos once años de la reforma educativa, tres administraciones han dado continuidad a tres líneas de acción: el modelo de autogestión del Pronade, el currículo nacional base y los procesos de evaluación del rendimiento escolar. Desde 1998 las evaluaciones muestran que los aprendizajes alcanzados por los estudiantes constituyen una auténtica preocupación. Los rendimientos relacionados a la comprensión lectora y el pensamiento matemático muestran en términos generales un nivel vergonzosamente insatisfactorio.
El proyecto curricular puesto en marcha, en su afán por vincularse con las reformas educativas generadas en otros países, poco tiene que ver con nuestras realidades. Se llevaron a cabo consultas para corroborar un diseño preestablecido, ahora se plantea llegar hasta las escuelas, no partir de las comunidades educativas mismas. Con ello se crea un desfase entre el “proyecto curricular” y las capacidades de generación de un nuevo pacto entre las escuelas y las comunidades, negando así la oportunidad de regenerar el sentido social y los proyectos que se afirman desde las realidades locales. Con ello, la revisión del marco del Pronade no fue aprovechada, considerando que este programa concentra la participación de los padres de familia en la contratación y control de los maestros. Estas acciones resultan ser insuficientes para garantizar el ejercicio del derecho de sus hijos a una educación de calidad.
El riesgo de conformarnos con una postura minimalista que da preferencia a que la mayoría de la niñez asista a la escuela, aunque sea en programas de mala calidad, será el crecimiento de la terrible brecha entre quienes logran construir aprendizajes pertinentes y relevantes y aquellos quienes nunca lograrán atender los desafíos actuales en el mundo de la economía, la productividad y el empleo; y mucho menos atender las necesidades de socialización y ejercer de manera integral su libertad en una era donde la ciudadanía se recrea constantemente.
Es válido preguntarse, después de once años de reforma, si hemos cambiado los procesos de formación humana o si sólo existen propuestas sin condiciones de concretarse en la práctica. La oportunidad actual consiste en volver a las comunidades educativas y restituir la fuente legitimadora en educación.
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2 comentarios:
Oscar Ralón: (2008-04-17 10:23:25 horas)
Bienvenido ha hecho una buena síntesis del "estancamiento" y "parálisis" de la reforma educativa en Guatemala. Los procesos son inconclusos y no se cuenta on una evaluación parcial e incluyente (en todos los ámbitos y niveles) de lo que se ha hecho. Por otro lado Arzú y Berger representaron un retroceso de cara a la filosofía de la Reforma que nadie se atreve a reconocer.
fredygalvez: (2008-04-17 00:49:58 horas)
Bienvenido: La acertividad en sus fundamentos respecto del proceso de la reforma educativa atrajo mi atención. Especialmente en el significado que encuentra en la actualidad esa "ciudadania que se recrea constante y permanentemente". Es necesario ver más despacio lo complejo de esto que usted menciona. Decirlo en "voz alta" y "directa" caería muy bien en círculos de todo tipo y a todo nivel.
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