Más de 9 mil personas llenaron los jardines de la Casa Blanca ayer, para la histórica ceremonia de bienvenida del Papa Benedicto XVI.
Por: Redacción
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El presidente Bush le dio la bienvenida al Papa a la Casa Blanca bajo un cielo azul y despejado, y le aseguró que Estados Unidos y el mundo necesitan su mensaje de que “toda vida es sagrada”. La banda de los Marines interpretó los himnos nacionales de Estados Unidos y el Vaticano y la soprano Kathleen Battle interpretó “La plegaria del Señor”, en una mezcla de lo religioso y lo secular. La asistencia fue récord y entre el público se encontraban senadores, celebridades, el vicepresidente Dick Cheney y la secretaria de Estado, Condoleeza Rice. Los dos líderes caminaron por una alfombra roja hasta una plataforma erigida en los jardines. Después de una salva de 21 cañonazos, la concurrencia le cantó “Feliz cumpleaños” a Benedicto XVI, quien cumplió ese mismo día 81 años. “Dios bendiga Estados Unidos”, dijo el pontífice después de la ovación. La noche anterior, el Presidente de Estados Unidos ofreció una cena en su honor, pero el pontífice amablemente declinó su asistencia. Mientras en la Casa Blanca se levantaban copas en su honor, el Papa se unía en oración con los obispos católicos estadounidenses. Ayer, sin embargo, el Papa alabó la “generosidad” tradicional de Estados Unidos. Por ello aseguró confiar en que “esta preocupación, por la gran familia humana, seguirá manifestándose con el apoyo de los esfuerzos pacientes de la diplomacia internacional, orientados a solucionar los conflictos y a promover el progreso”. Bush y el Papa no dejaron de sonreír en ningún momento durante el soleado día en Washington. El momento era histórico, porque nunca un Pontífice había visitado oficialmente la Casa Blanca desde que en 1984 el Vaticano y EE.UU. establecieron relaciones diplomáticas completas. Juan Pablo II visitó privadamente a Jimmy Carter en 1979. El presidente George W. Bush dijo que esta visita papal a la residencia presidencial era un recordatorio para el pueblo estadounidense de la necesidad de “distinguir entre el bien y el mal”. Con información de AP, DPA, El País y The New York Times. |
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