Sería interesante conocer quién o quiénes le sugirieron al presidente Álvaro Colom lanzar con bombos y platillos un plan de 100 días sin haber analizado antes con qué recursos se contaba. Me imagino que a estas alturas con los magros resultados obtenidos estarán arrepentidos. Las expectativas de los guatemaltecos con la instalación del nuevo Gobierno eran muy grandes y se había generado una esperanza de cambio que permitiera un mejor futuro. Desafortunadamente, transcurridos los primeros tres meses de este Gobierno, las perspectivas de cambio tienden a desvanecerse y parece que aquellos que le dieron, quizá sin demasiado entusiasmo, el beneficio de la duda, a estas alturas se encuentran en buena medida frustrados o desencantados. Los medios de comunicación social han venido destacando y señalando los reiterados tropiezos de la nueva administración. Para hacer un buen Gobierno, no son suficientes las buenas intenciones. Los hechos y los logros o fracasos son los que en verdad cuentan.
Es generalizada la crítica al Gobierno social demócrata de la UNE en distintos aspectos: la seguridad sin duda ha sido, desde un principio, el talón de Aquiles de esta administración porque las metas propuestas no se han cumplido; el costo de vida ha aumentado considerablemente en detrimento de todos los sectores, especialmente de aquellos más desfavorecidos de la sociedad y la ineficiencia de muchos funcionarios se ha puesto constantemente de manifiesto.
En conversaciones con amigos académicos, profesionales y empresarios, el tema de la conducción de la cosa pública es casi obligada y en esos círculos se escuchan voces de crítica y de desaliento. Se dice que el equipo de Gobierno no ha resultado idóneo, con algunas excepciones por supuesto, para hacer frente a la crisis y problemática guatemalteca. En algunos casos es evidente la incapacidad de algunos funcionarios y se percibe improvisación, descoordinación y falta de transparencia. Muchas veces se han puesto de manifiesto las contradicciones entre altos funcionarios de Gobierno cuando la prensa les inquiere sobre las políticas que se están implementando y luego vienen las rectificaciones dando la impresión de que falta el timonel que conduzca con mano segura y certera los asuntos de Estado. Alguien decía recientemente que de parte del primer mandatario hay la mejor de las voluntades para hacer las cosas, pero la inconsistencia en el actuar se hace notoria. Sin embargo, me parece que estamos a tiempo para que el Gobierno reencause su política, con un sentido más realista y que evalúe los resultados que se han obtenido en este corto período y el desempeño de su equipo de Gobierno. Es preciso hacer cambios para fortalecer al Gobierno y para eficientarlo.
“Son tiempos de solidaridad”, como dice la publicidad del Gobierno (parece que aún estamos en campaña) y en eso la mayoría estamos de acuerdo en que es necesario hacerle frente a los enormes rezagos económico-sociales de nuestro pueblo. Pero también no es conveniente que el mensaje social sirva de cortina de humo para que no queden al descubierto las carencias e ineptitudes del Gobierno. Tenemos que reconocer que el Gobierno de Colom se estrenó con la subida desmedida de los precios internacionales del petróleo, con el aumento exagerado de los granos básicos en los mercados internacionales y con la recesión que está a las puertas en los Estados Unidos de América, nuestro principal mercado para nuestras exportaciones y de donde se reciben las sustanciales remesas que envían nuestros connacionales que residen en aquel país. El factor externo nos golpea a todos y no sería justo adjudicarle toda la responsabilidad al Gobierno. Pero es necesario que el Gobierno actúe con creatividad, seriedad y madurez. En vez de estar considerando precios tope para los productos de primera necesidad, que no funcionan y más bien sirven para desabastecer el mercado y propician el encarecimiento de los mismos en el mercado negro. Estas medidas, afortunadamente, se dejaron en suspenso gracias a que el Gobierno escuchó a distintos sectores que le recordaron que los controles del Estado en este campo no funcionan y que, incluso, en países como Venezuela, con su inmensa riqueza petrolera, han fracasado. No basta ser bueno, sino aparentar serlo. Es necesario que los funcionarios de Gobierno actúen correctamente y que también lo aparenten. (Continuará).
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