Para quienes hacemos periodismo, es importante saber leer entre líneas y aprender a encontrar sentido a las últimas palabras de quien pocas horas después sería brutalmente asesinado.
A menos de dos horas de su muerte, el comisario Víctor Rivera concedió una entrevista al diario Prensa Libre, algo inusual en él. A Víctor, le conocí bien. Era la fuente número uno de información, confiable, meticuloso, pero principalmente discreto y reservado.
Víctor pasaba desapercibido. Tenía perfil bajo. Y es por eso que llama la atención que días y horas antes de su muerte haya roto con sus esquemas tradicionales de silencio. Desde que Álvaro Colom asumió como presidente, a Rivera se le dejó en el abandono. La primera medida fue reducir el presupuesto de su unidad de investigación, le quitaron viáticos, gasolina, carros, lo estaban ahorcando.
A pesar de que en la campaña política, Colom aseguró que el investigador máster seguiría a cargo de los casos de alto impacto y renovó su contrato, fuerzas poderosas que se mueven en el área de seguridad de la UNE movieron sus tentáculos para que lo retiraran, y de paso lo dejaran en el abandono y sin seguridad.
El porqué de la salida de Rivera es elemental cuando se analiza el perfil de Gilberto Alfredo Ruano Tejeda, ex especialista del Estado Mayor de Jorge Serrano Elías, y que ahora ocupa el puesto vacante de Víctor. Durante 1988-1994, cuando Ruano prestó sus servicios, los jefes de inteligencia fueron Francisco Ortega Menaldo, Edgar Godoy Gaitán y Otto Pérez Molina, todos asociados a cuestionados grupos militares del pasado.
Ruano registra dos empresas de seguridad y ha enfrentado juicios por robo agravado, deudas, incumplimientos laborales y prejuicios ante el IGSS.
Ahora, que este militar ha llegado a la inteligencia, habrá que tener el ojo bien puesto sobre el equipo de investigadores que formó Rivera; pues en caso que el Ministerio de Gobernación decida desarticular a este equipo altamente efectivo o trasladarlos al interior, también se estaría firmando su condena de muerte y exponiéndolos a atentados similares a los que sufrió Víctor. Amén de aniquilar su línea investigadora.
En cuanto a la última entrevista de Rivera, quien siempre habló entre líneas, es interesante no dejar de lado las acusaciones que hizo a la derecha salvadoreña y a ex militares que desconfiaron de él y prácticamente lo vapulearon “En El Salvador, soy un malquerido”, dice, y luego relata el caso de empresarios que fueron secuestrados por su mismo Ejército con el fin de implicar a la guerrilla.
Habla de coroneles y militares de alto rango que tras las órdenes de captura huyeron a Guatemala y “tomaban café con alguna persona que ahora suena” (refiriéndose a un poderoso que seguramente ahora tiene poder y le protege, ¿quién será?).
Y luego, menciona el asesinato de los diputados salvadoreños donde refiere dos reveladoras conversaciones en la escena del crimen, donde un alto funcionario y un familiar del asesinado les refirieron que el diputado Pichinte “levantaba sospechas”, insinuando que, como lo han apuntado sus investigaciones fue una ejecución del narcotráfico. Rivera investigó el caso y siempre apuntó a una poderosa banda de Jalpatagua comandada por Manolo Castillo y otros capos. Acá lo deja claro.
Otro aspecto interesante es cuando la periodista le cuestiona sobre declaraciones del ministro de Gobernación, Vinicio Gómez, donde dijo que Rivera “no estaba llevando muchos casos, solo algunos de extorsión”.
En tono irónico el Comisario responde: “Está bien; ahí vas a ver los informes. Tengo 43 años trabajando entregado a la vida policial”, con lo cual da entender que aún era la columna vertebral en investigaciones y que en los próximos días revelaría resultados de sus investigaciones con datos importantes.
Por otro lado, deja un sabor insípido el silencio de los funcionarios de Gobierno y la ausencia de autoridades a las exequias fúnebres de un hombre que fue pieza clave en la resolución de casos del crimen organizado, por más de tres lustros.
Y el caso se torna más preocupante, cuando se conversa con agentes del Departamento de Investigaciones Criminológica de la Policía, quienes aseguran que hasta el momento “no existe una petición formal por parte de los altos mandos para que investiguemos sobre el asesinato. Es un silencio absoluto y eso para el pelo”, confesó un investigador.
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