¿Por qué la CICIG no arranca después de ocho meses de vida legal? Dónde interrogo sobre las expectativas hacia la CICIG ahora, encuentro la misma respuesta: será irrelevante. No sé a ciencia cierta lo que los responsables de la CICIG piensan o trabajan, aunque me he permitido opinar en privado que el criterio de selección del personal no es el idóneo ni la agenda la más prometedora.
¿Por qué? La CICIG no es Minugua, ni una entidad de derechos humanos. Es un órgano internacional de investigación penal, sin sesgos políticos ni ideológicos, que debe aspirar a la máxima calificación técnica para ser efectiva en el desmantelamiento judicial de mafias y poderes paralelos. Opinaría igual si la CICIG reclutara ex militares de la contrainsurgencia o sus socios civiles que reivindican la guerra fría y han hecho de la transición (desde el MP, la Policía y los cuerpos clandestinos de seguridad) el Estado mafioso que hoy padecemos, llevándonos a una humillación histórica.
Las fallas de origen de la CICIG surgen tras la supuesta inconstitucionalidad de la CICIACS en 2004. Son dos. Una, que el Gobierno de Berger no buscó la aprobación ni en el Consejo de Seguridad ni en la Asamblea General de la ONU. Cuando en 2003 me correspondió impulsar la CICIACS, la Asamblea nos dio el beneplácito para que quedara constituida como órgano de las Naciones Unidas. Sin ese plácet, es difícil que un profesional de alta calificación internacional venga a arriesgar su vida y prestigio.
Y la segunda: al ampliarle el mandato de combatir extensamente la impunidad, en vez de algo más específico como era con la CICIACS, desmantelar los aparatos clandestinos y cuerpos ilegales que han secuestrado el Estado de Derecho, a la CICIG le dieron mandato de MP. La convirtieron en un MP bis, y como dice el refrán: lo que mucho abarca, poco aprieta.
Quiere decir que Eduardo Stein no hizo bien su trabajo, pero lo que más sorprende es que los grupos de derechos humanos que tan beligerantes fueron en el impulso de la Comisión no advirtieron. El tiempo no es neutral para la CICIG. Ya corrió un tercio de su período sin que acabe de organizarse.
Sin embargo, aún pueden introducir correctivos: la Cancillería debe ganar el beneplácito de la Asamblea General de la ONU para darle fortaleza política a la Comisión, y Carlos Castresana bien podría enfocar su agenda hacia lo importante, y no a lo urgente que el Gobierno le endosa a cada momento.
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