El Gobierno de Guatemala realizaría un importante servicio a la Nación, si lograra romper décadas de desatención y hasta indiferencia de la administración estatal hacia los millares de compatriotas que emigraron un día a los Estados Unidos, en busca de trabajo, seguridad y una vida más digna, lejos de nuestra pobreza, ignorancia y violencia.
Además de los peligros de la deportación, los migrantes guatemaltecos en Norteamérica están haciendo frente actualmente al desempleo y a una aguda persecución, como consecuencia de la recesión económica que afecta a aquel país, según se ha señalado durante el encuentro parlamentario sobre la situación migratoria en Estados Unidos que efectúan esta semana aquí diputados locales y mexicanos.
Representantes de las organizaciones de migrantes guatemaltecos han denunciado ante tal foro que la situación de nuestros connacionales en Norteamérica es “realmente grave”, por lo que demandan la intervención pronta del Gobierno.
Creemos que la administración del presidente Álvaro Colom debe dar prioridad al caso de los migrantes. En primer lugar, porque el Estado de Guatemala tiene la obligación de proteger a tales compatriotas. Y en segundo lugar, para corresponder a la importante contribución económica que el país recibe, como consecuencia de las remesas que los migrantes envían a sus familiares cada mes, estimadas en más de US$4 mil millones al año.
Miles de guatemaltecos están a punto de ser perseguidos, capturados y deportados. Ellos mismos consideran que hasta ahora han recibido un “apoyo débil” de parte de los diferentes gobiernos guatemaltecos, recordando que nuestras autoridades no efectuaron, años atrás, las gestiones necesarias para que fueran incluídos por Washington en el Régimen de Protección Temporal (TPS), lo cual si fue obtenido por los gobiernos de Honduras, El Salvador y Nicaragua, cuyos ciudadanos están gozando de un tratamiento preferencial en Norteamérica, como alivio a los conflictos armados que se vivieron en Centroamérica.
Resulta inexplicable la pasividad que han exhibido las autoridades guatemaltecas ante los problemas de nuestros connacionales que viven y trabajan a lo largo de la geografía norteamericana. El colmo es que aún no funciona el Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua), a pesar de que fue creado con bombos y platillos hace seis meses por la anterior legislatura.
Demandamos de la actual administración estatal una actuación responsable, solidaria y patriótica, en busca de la dignificación de los guatemaltecos en Norteamérica.
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