El médico del IGSS se toma diez minutos con un afiliado.
Por: Claudia Palma
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Son cerca de las 10:00 de la mañana, María acompaña a su hijo mayor a la consulta externa de la clínica periférica del IGSS en la zona 11, para que le quiten los puntos. Llegaron poco después de las 5:00 horas desde la colonia Guajitos en la zona 12. “Paciencia”, dice María, de 44 años, aunque con la apariencia de 10 más. “En abril del año pasado me diagnosticaron cáncer. Yo no soy afiliada. “Para curarme, mi esposo pidió por tercera vez su tiempo en donde trabaja. Lleva ya 30 años ahí. Debimos hacer colectas en la iglesia. Enfermarse no es cosa de pobres”, agrega. Debieron pasar tres horas más para que María entrara del brazo de su hijo a la clínica. Su entrevista con el médico no duraría más de 12 minutos. Esa clínica periférica atiende, según el personal entrevistado, a la mitad de los afiliados del departamento de Guatemala, que viven en Sacatepéquez, Mixco y las zonas 7, 11 y 12. Divididos en turnos de cuatro horas, un médico se hace cargo de un promedio de 20 pacientes. “La verdad es que nos guiamos casi solo por los antecedentes que el paciente nos da. No hay tiempo para más”, reconoce uno de los galenos consultados. Ahora, el reloj marca las 11:30. Las conversaciones de madres solteras se pierden entre el hacinamiento y las oraciones de un joven que impone las manos en la cabeza para expulsar espíritus de enfermedad a quienes así lo consienten. La silla más codiciada“Me tocó el 81”, se queja un hombre delgado y bigotón. “Tengo ocho años de no usar el IGSS”, continúa. A dos sillas está Lesvia Hernández, una ejecutiva que ha tributado al IGSS 24 años y que solo lo había utilizado en dos ocasiones. En diciembre del año pasado, le diagnosticaron diabetes.Costear el tratamiento y un especialista no está dentro de su presupuesto.Vidal Gutiérrez aprovecha un descuido de Lesvia y toma su asiento. Tiene 48 años y la calvicie empieza hacerlo su presa. Hace cuentas que también lleva más de dos décadas como afiliado. Ahora es la 1:00 de la tarde. Por fin le ha tocado el turno a Vidal. “En julio del año pasado”, recuerda, “cuando me refirieron con el especialista, la oficial de admisión me dijo: Lo esperamos en febrero del año entrante. Pensé que era una broma, pero estaba ahí en el carné. Sonreí y pensé: Ojalá no esté muerto”. |
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