No siempre los guardaespaldas son un show de la gente para aparentar. Muchas veces detrás de esta necesidad existen situaciones dramáticas de familias que han sufrido el secuestro de uno o más miembros de la familia. Con este comentario hago referencia a la nota de Marcela Gereda titulada Yo blindo a mis hijos, publicada el lunes último.
Como es de esperarse, estas familias deben proteger a sus niños recurriendo a guardaespaldas, que muchas veces arriesgan sus vidas para proteger a otros. Me encantó el artículo anterior de Gereda que hablaba de la necesidad de que sumemos, porque los guatemaltecos necesitamos sentirnos hermanos, borrar las diferencias de dialectos, color de la piel y ser solo guatemaltecos.
Su artículo del martes 15 contradice al que le antecede. Divide y marca diferencias, además de provocar iconos. ¿Desde cuando las personas productivas deben sentirse culpables? Vivimos en un país donde el Gobierno ha sido incapaz de proteger a sus ciudadanos, es una realidad que no puede negarse.
Sitúese en el otro lado de la moneda y verá que el dolor no hace distinciones.
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