En dos días, dos orquestas en el mismo lugar. El pasado jueves 10, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), bajo la dirección de Felipe de Jesús Ortega, presentó su Concierto latinoamericano, en la gran sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.
Por: Jorge Sierra/Mondo Sonoro
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En dos días, dos orquestas en el mismo lugar. El pasado jueves 10, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), bajo la dirección de Felipe de Jesús Ortega, presentó su Concierto latinoamericano, en la gran sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Al siguiente día, actuó la Orquesta Nacional de Jóvenes Jesús Castillo, bajo la batuta del venezolano Eddy Marcano. Mientras que la OSN, apostó por un repertorio más popular, centrado en el trabajo del arpista cubano–venezolano Alfredo Rolando Ortiz, la joven orquesta escogió un repertorio más clásico y de paso arriesgado. La obra de apertura de la OSN fue Sinfonía india, del mexicano Carlos Chávez, donde el compositor empleó los ritmos palpitantes, el carácter melódico y la percusión de la música tradicional mexicana, sin recurrir a fuentes folclóricas directas. Empero esta versión fue sin brillo, ni alegría ni juego. Más por esa sección de vientos y esa palidez de las cuerdas. En la Suite sudamericana para arpa y orquesta, del solista invitado Ortiz, hubo también altibajos, en parte por el estilo de la composición, como sucede en Venezolana e Improvisación. Pero igual, la orquesta mostró ricos matices y redondas melodías en Colombia (joropo), Ecuador (pasillo) y Paraguaya (galopa). Por cierto, Ortiz es dueño de una técnica sorprendente, que le permite además ser muy melódico y expresivo, perfumándolo todo con su auténtico toque latino y folclórico. Algo que se gozó en sus composiciones, Joropo azul, Llano, Danza de Luzma, y en el popurrí Moliendo café, Bésame mucho, y otras. En cuanto a la orquesta joven, programó la Overtura de Romeo y Julieta de Tchaikovsky, con fallos en los cornos; la Sinfonía Concertante K. 297b, de Mozart, que incluyó a un cuarteto de vientos sorpresivo y alentador como solista; la Sinfonía No. 1, Titán, de Gustav Mahler, alicaída y arrastras. En el plano de contrastes, entre la veterana OSN y la joven orquesta, es que esta segunda (aún con su crisis interna tras la reciente fuga de casi la mitad de sus integrantes antiguos) tiene en su haber vigor, ánimo, flexibilidad y un especial arrojo. En tanto que la OSN se muestra prudente, cansada, insegura y débil. No hay chispa. A la Jesús Castillo le pesan defectos, pero no se le puede exigir tanto pues no son profesionales. La OSN no debiese tener pretextos y habría que demandarle que devengue el salario que recibe…de nuestros impuestos. |
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