Poco más de 4 mil sacerdotes en Estados Unidos han sido señalados de cometer abusos sexuales en contra de niños. En gran número de casos, la iglesia católica estadounidense ha reaccionado indemnizando a las víctimas y ayudándoles a superar el trauma que implicó haber sido utilizados como satisfactores de las necesidades de sus párrocos.
El papa Ratzinger se tomó la molestia de analizar las evidencias para concluir que, en efecto, los religiosos “traicionaron su misión de aliviar y de dar el amor de Dios a estos niños”. A su llegada a Estados Unidos, en la primera visita que un papa realiza a este país desde que estalló el escándalo de los curas pederastas, el Pontífice ha sabido mostrarse conmovido por esos acontecimientos. En este sentido, al decir que se siente “profundamente avergonzado” por los abusos pedófilos el jerarca romano ha sabido responder a las expectativas de una feligresía humillada y frustrada.
Es un paso hacia adelante, y más si lo comparamos con la actitud asumida por su predecesor. El papa Wojtyla asumió una postura indiferente ante el clamor de las víctimas. Por momentos, esa manera tan fría y distante de ver el escándalo rayaba incluso en la complicidad. No olvidemos que fue Wojtyla quien bloqueó sistemáticamente cualquier petición para investigar las denuncias de pederastia en contra de uno de sus protegidos, el finado clérigo mexicano Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo. Fue ya en las postrimerías de su vida, que Wojtyla accedió a iniciar la investigación que solicitaban ocho de las presuntas víctimas de Maciel. Posteriormente, en 2006, ya con Ratzinger como papa, el Vaticano anunció que se le había pedido a Maciel retirarse a una vida de “oración y penitencia”, lo cual era un eufemismo para explicar su cese de funciones en la jerarquía romana y su caída en desgracia ante el Papa.
No obstante, el cambio de actitud experimentado en la iglesia católica desde que Ratzinger asumió como Pontífice, falta todavía mucho por hacer. Por ejemplo, la comisión nombrada por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, para analizar los casos de pederastia y recomendar cursos de acción sugirió en su informe final reprender públicamente a los obispos que encubrieron o protegieron a los curas pederastas. También algunos expertos en derecho canónico han sugerido al Vaticano incluir la pedofilia y el abuso sexual entre las prohibiciones para ser ordenado sacerdote.
Hasta el momento que escribo esta columna, Ratzinger no ha expresado crítica alguna hacia los obispos ni ha revelado cuál es su posición respecto a modificar el Código Canónico.
Si Ratzinger quiere dejar un legado positivo de su reinado, debiera ya empezar a destituir a todos los obispos que alcahuetearon a los pedófilos. Eso mandaría un mensaje más claro y tajante y comprometería a la toda la clerecía y el episcopado a ser más activos en proteger la integridad de la niñez.
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