El alza en los precios del petróleo llegó para quedarse. Lejos están los días en que las crisis ocasionadas por las variaciones en el crudo podían considerarse coyunturales. La verdad escondida debajo de esta situación es pura y dura: el petróleo es un recurso no renovable que se está acabando.
Dimensionar la gravedad de la cuestión es difícil, sobre todo para los herederos de la Revolución Industrial, acostumbrados a contar con una fuente de energía que se consideró inacabable (pero que nos dimos, irresponsablemente, a la tarea de consumir en poco más de un siglo) y que hizo posible el florecimiento de una organización social con un ritmo de crecimiento nunca antes visto en la historia de la humanidad. ¿Es posible que toda nuestra edificación social estuviera parada sobre una frágil burbuja?
Los expertos aseguran que sí. La escasez energética está tocando a nuestra puerta, trayendo consigo agudas crisis económicas debido al encarecimiento de los medios de producción y la reducción del consumo, cuestiones que ejemplifican las noticias de países tan disímiles como Estados Unidos y Haití.
Aparte, no cabe duda que habremos de ver desarrollarse conflictos bélicos cada vez más intensos alrededor de los países de Oriente Medio donde se concentran las reservas del precioso fluido.
Para valorar la crisis hemos de considerar que el petróleo caro elevará los costes de transporte, a tal punto que quizá nos haga regresar a la dependencia en la producción local de bienes y servicios ¿a dónde irá entonces a parar la economía global?
También que la producción de alimentos durante el siglo XX se hizo a expensas de utilización de cantidades cada vez mayores de energía (y fertilizantes de nitrógeno producidos a base de gas natural). La expansión en la producción alimenticia hizo posible la expansión demográfica monstruosa del último siglo, pero ¿qué pasará cuando la producción de alimentos se contraiga?
Para finalizar, hemos de considerar que hemos basado nuestro sistema económico en una lógica de crecimiento continuo. Sin embargo, nunca se consideró que este “crecimiento continuo” se basaba en la disponibilidad de un recurso energético que estaba, paradójicamente, en decrecimiento constante. ¿A quién culpamos de esta falta de coherencia?
Puestas las cartas sobre la mesa, el panorama resulta más que desafiante. Pareciera que por primera vez en nuestra historia, el destino de nuestra especie, descansa sobre las elecciones de una sola generación. En lo que a nuestro país se refiere, tenemos el privilegio de contar con casi todas las fuentes alternativas de energía en nuestro territorio. Desafortunadamente, no existen políticas energéticas para abordar siquiera tiempos normales, mucho menos una crisis como la que se avecina. ¿Podrá Guatemala sobrevivir este desafío sin líderes y sin dirección?
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