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Guatemala, domingo 20 de abril de 2008

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Opinión:

La batalla por el alma de América Latina

Sin temor a equivocarse, América Latina no merece ningún respeto para Washington.

Francis Fukuyama

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Lo único que se piensa en EE.UU. en relación con América Latina son problemas como las drogas, las bandas y la migración indocumentada. Pero esta región debería importar a EE.UU., y no sólo porque los latinos han rebasado a los afroestadounidenses como la minoría étnica más grande (15 contra 13 por ciento).

América Latina es hogar del mayor conjunto de democracias en el mundo, pero también es un lugar de enormes desigualdades sociales y dictaduras siniestras. Por consiguiente, ha sido un campo de batalla clave de ideas, donde se han extendido todo tipo de modelos de desarrollo: comunista, socialista, de libre mercado, mercantilista. La Guerra Fría fue tema de debate en América Latina, desde el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz de Guatemala en 1954 hasta las guerras civiles en Centroamérica en la década de 1980, pasando por la Revolución Cubana y las dictaduras.

El final de la Guerra Fría pareció que constituiría una oportunidad para un nuevo arranque.

Washington, junto al FMI y el Banco Mundial, impulsaron a los gobiernos latinoamericanos a abrir sus economías al comercio global y a reducir el papel del Estado en el manejo económico: el llamado Consenso de Washington. Este viraje no produjo el tipo de crecimiento económico dinámico que experimentó por Asia del Este, sino más bien una minicrisis de estancamiento que preparó el terreno para la elección de líderes de centroizquierda en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, algunos de los cuales han denunciado al “neoliberalismo” y las políticas estadounidenses como la fuente de los problemas de sus países.

Si EE.UU. no puede ayudar a llevar a los países de su propio vecindario hacia la democracia liberal y el crecimiento económico basado en el mercado, es difícil determinar qué asuntos ha estado tratando de transformar en la política de países que están al otro lado del mundo y que presentan más diferencias culturales. Por el momento, el discurso dominante en el hemisferio occidental sostiene que las ideas estadounidenses en torno al desarrollo han fallado.

Sin embargo, lo que ocurre en realidad es más complejo: pese a las salidas de tono de Chávez, la mayoría de los países latinoamericanos han logrado profundizar en sus instituciones democráticas, integrarse a la economía global y hacer frente a las desigualdades sociales endémicas como para presagiar un buen futuro. La historia de avances lentos, aunque sostenidos por parte de gobiernos reformistas, más que revolucionarios, en toda América Latina, nunca ocupará los titulares de los periódicos.

¡Viva la evolución!

Hay pruebas de avances de parte de los líderes democráticos reformistas en toda América Latina en varios ámbitos, de la manera más destacada en la alta calidad de la gestión de política macroeconómica. Hoy, los países del hemisferio que carecen de recursos energéticos encaran de nuevo cuentas más altas sobre las importaciones. Pero, pese al discurso opuesto al Consenso de Washington, la mayoría de los países ha mantenido su búsqueda de políticas económicas relativamente ortodoxas y ha sido recompensada con crecimiento con baja inflación. Muchos países que exportan materias primas (con la excepción de Venezuela) han creado fondos de estabilización para poner a buen resguardo las ganancias para cuando haga falta.

América Latina regresó a la democracia formal en la década de 1980, y desde entonces la calidad de la democracia ha estado firmemente en ascenso. Hoy, el derecho al voto es universal en toda la región, y las tasas de votación crecen pronunciadamente. Esto es cierto, incluso en el caso de las poblaciones indígenas por mucho tiempo excluidas en países como Bolivia y Perú, lo que ha ayudado a líderes de herencia indígena (Evo Morales y Alejandro Toledo) a triunfar en las elecciones. En gran medida el fraude electoral es cosa del pasado; un logro particularmente notable es el de México. También ha habido descentralización en Colombia, Brasil y otros países, lo que ha acercado más la democracia a la gente. Una serie de alcaldes reformistas electos en Bogotá ha implementado programas innovadores para hacer frente a las drogas y las pandillas, y así reducir pronunciadamente la tasa de homicidios de la ciudad y mejorar los servicios públicos. Buena parte de esta profundización de la democracia fue posible por el hecho de que EE.UU. ya no ha evitado que dirigentes izquierdistas lleguen al poder.

Los acontecimientos más interesantes se han dado en el sector social. América Latina nació con un defecto congénito: una distribución inicial sumamente desigual de los recursos que se remonta a la era colonial. En algunos países se superpone con estratificaciones fundadas en la pertenencia étnica y la raza. La desigualdad se ha perpetuado por generaciones. Es por ello que el desempeño económico de la región nunca se ha emparejado con los países de rápido desarrollo de Asia Oriental, en el largo plazo. Las sociedades oligárquicas pueden ser capaces de lograr altas tasas de crecimiento por cierto tiempo, pero la persistencia de las desigualdades en la distribución conduce a la inestabilidad política y al populismo, cosa que socava el crecimiento.

Las innovaciones más interesantes en la región están en programas sociales específicos que enfrentan directamente el problema de la pobreza. Entre 1996 y 2005, la pobreza en México se redujo a la mitad, y entre 1995 y 2004, el alto coeficiente Gini (una medida de desigualdad económica, en la cual cero representa la igualdad absoluta y uno la desigualdad absoluta) de Brasil cayó de 0.599 a 0.571. Estos resultados, en parte, se debieron a un prolongado período de crecimiento económico permitido por sensatas políticas macroeconómicas, y en parte también a programas sociales que enfrentaron directamente el problema de la desigualdad.

Las políticas sociales innovadoras han provenido de América Latina, no de Washington. El Consenso de Washington sólo se quedó en palabras ante la necesidad de una red de seguridad social. De hecho, muchos economistas sostendrían que el mejor  programa contra la pobreza es un rápido crecimiento económico. El grado hasta el cual los países deberían favorecer programas específicos de combate a la pobreza por encima de una política de crecimiento a ultranza, es un debate de políticas públicas que requiere ser más público de lo que ha sido hasta la fecha.

Es cierto que un rápido crecimiento económico reduce la pobreza. Muchos defensores del crecimiento olvidan cuán importantes fueron las políticas sociales -en la forma de reformas agrarias y fuertes inversiones en la educación básica- en el éxito de Asia Oriental. No es realista pensar que los políticos democráticos puedan ganar las contiendas electorales si no tienen programas que atiendan específicamente a los pobres y los excluidos.

Hoy, la tarea del reformismo democrático es especialmente difícil porque debe avanzar ante los nuevos desafíos populistas. Se está entablando una batalla por el alma de América Latina. Puesto que esta batalla implica ideas e instituciones cercanas al corazón de EE.UU. -entre ellas la democracia, los derechos individuales y los mercados libres- realmente es algo muy malo que tan pocos de ellos estén prestándole atención. 
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5 comentarios:

  1. sergio santos: (2008-04-20 22:08:37 horas)
    Que agradable leer que hayan mas guatemaltecos instruìdos y pensantes, que conocen al sr. Fukuyama (non plus ultra liberal) , que dinosaurios que ven "comunistas" y "resentidos" hasta en la sopa. Esperemos a ver que dice los iluminados (caver) libertarios que siguen predicando que en AL hay pobres porque somos haraganes.
  2. Renato Ponciano: (2008-04-20 20:22:29 horas)
    "América Latina nació con un defecto congénito: una distribución inicial sumamente desigual de los recursos que se remonta a la era colonial. En algunos países se superpone con estratificaciones fundadas en la pertenencia étnica y la raza. La desigualdad se ha perpetuado por generaciones. Es por ello que el desempeño económico de la región nunca se ha emparejado con los países de rápido desarrollo de Asia Oriental, en el largo plazo." Lo dijo Francis Fukuyama, uno de los pensadores más admirados por los "libertarios" guatemaltecos, no un catedrático de economía de la USAC. Seguro algunos de ellos están diciendo "no se oye, padre!"
  3. EN.: (2008-04-20 18:11:44 horas)
    Estimado don Roberto: Fukuyama no tiene ningún complejo de inferioridad de país latinoamericano. Ni siquiera es latinoamericano él mismo. Es un filósofo y economista político nacido en Chicago que se erigió en una figura fundamental de la Doctrina de Reagan y del auge del neoconservadurismo. También uno de quienes le pidieron a Clinton, cuando aquel presidía los Estados Unidos, que comenzara una guerra contra Irak.
  4. ROBERTO LOPEZ PORRAS: (2008-04-20 11:13:05 horas)
    Excelente planteamiento, pero tambien con muchos sesgos contra la política de Washington lo cual indica que el pensamiento del autor aunque sea un latinoamericano de origen Japones, no se ha liberado del complejo de inferioridad de los países latinoaemrcianos y por ello debe ser Washgington quien siempre deberá dar el banderazo para los cambios. Creo que los tiempos han cambiado y aunque la utopía de la izquierda desmembrada y desubicada despúes de la caida del Imperio Soviético, los lleva a gobiernos populistas e irreales, ellos son un síntoma de que las experiencias del fracazo de otros países que han querido revivir la utopia Marxista, incluyendo Cuba Fidedlista, no los ha hecho más lógicos para enfrentar los problemas sociales dentro de la democracia. No hemos podido concebir y menos practicar una democracia prágmática y positiva, porque las mismas fuerzas que interactuan en el proceso, dan poco campo a la solidaridad y a una visión de que la pobreza, la desnutrición y el aumento de los estratos sin educación, no solo son un lastre para el desarrollo, sino una verguenza para toda la sociedad donde vivimos. El populismo no es solución, es solo atacar los efectos y no las causas de los problemas, es pensar en el cortísimo plazo, es la política de la publicidad y el manipuleo de los problemas para crear imagenes en la amente popular, con mentiras Goeblesianas, que satisface a los gobernantes y a su círculo de consejeros y finalmente conducente a la dictadura para crear a un hombre docil, aterrorizado, sin derechos humanos, bautizado en las aguas de la pobreza y el atraso como una virtud, excepto para los jerarcas y sus círculos de poder. El neoliberalismo a ultranza es solo otro experimento cuyos resultados son negativos, pero no una solución, en el cual se crece macroeconómicamente pero no se expanade ese crecimiento a las mayorias y por ello persisten las asimetrias sociales y se produce una democracia y un mercado para una población minoritaria y para el exterior. Ello da lugar a una rebelión social en la base de la pirámide, que se traduce en una economía informal extendida, a un éxodo permanente hacia otras latitudes y en un desvio de las fuerzas innatas de iniciativas positivas, hacia el delito de base económica, la corrupción generalizada, el narco tráfico y la persistencia del modelo de porbreza imperante en nuestros países. Nuestras sociedades parecen un rompecabezas y los políticos que son parte parte de la élite, se encargan de mantener el sistema porque favorece sus intereses.
  5. Edgar Martinez: (2008-04-20 10:20:03 horas)
    America Latina El patio trasero le decian, o dicen?, Siempre va a ser asi, hasta que termine la guerra en Irak, 2013, la ventaja es que tenemos tienpo para implementar reformas sin la "ayuda" de los USA, su interes esta en el petroleo, asi es mejor. Cuando el imperio se de cuenta de lo que paso en AL sera muy tarde, y ojala sea un lugar mejor para los latinoamericanos.
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