Coincido con Juan Luis Font al decir que el problema no es el CAG sino la indiferencia social ante las inequidades en el país. Preguntémonos y contestémonos con honestidad: ¿somos realmente un pueblo? ¿Reconocemos a nuestros prójimos y, en sus problemas y carencias, los amamos como a nosotros mismos? ¿Participamos en la solución de los asuntos, aunque ello signifique sacrificio? ¿Al participar tratamos de no sacar ventajas personales de cualquier índole? ¿Reconocemos los méritos de los demás y los apoyamos en lo justo y correcto? ¿Somos fríos, calientes o tibios? Si dejamos de recordar lo negativo, muchas veces para llevar agua a nuestro molino, encontraremos que debemos recuperar nuestra unión y nuestra visión de país para salir adelante.
Viva Guatemala o Guatebonita, como decía el maestro Quiroa.
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