Esta semana se celebra alrededor del mundo el día de la Tierra. A través de las imágenes y artículos difundidos por los diversos medios de comunicación nos horrorizamos de las consecuencias extremas que la especie humana y sus ambiciones hemos generado para el planeta y las diversas especies animales. Las últimas fotografías de la selva Lacandona mostrando las grandes extensiones deforestadas son un grito de atención a lo que nos espera en el futuro en nuestro país, en la medida en que no se tomen acciones inmediatas en función de una perspectiva de mediano y largo plazo.
Pero muchas veces pareciera que los bienes naturales en el imaginario colectivo se reducen a las reservas, a los bosques, olvidando que estamos viviendo inmersos en un medio ambiente que hacemos más o menos agradable y sostenible. Hablamos de las ciudades, donde el cemento se come a la naturaleza. En la ciudad de Guatemala en lugar de recuperar y conservar las pocas extensiones verdes que nos quedan, estas son sacrificadas diariamente en aras de la construcción acelerada y vías de acceso para los vehículos. En el bulevar Vista Hermosa vemos como una tercera parte del pequeño bosque que separa los carriles ha caído a manos de la misma Municipalidad para construir accesos vehiculares. En las zonas más cotizadas en cuanto al uso de la tierra, las pocas áreas verdes que sobrevivían están siendo taladas para dar paso a grandes edificios que intentan paliar el vacío con escuálidos arbustos. Centros comerciales han talado los árboles que daban sombra para construir más estacionamientos. Prácticamente ya no quedan zonas verdes como pulmones de la ciudad, sino que representen también una opción para el ocio de los capitalinos.
Sería interesante conocer la política del uso de la tierra en las zonas urbanas y en el área metropolitana, cuáles son las especificaciones para las nuevas construcciones en torno a resguardar las áreas verdes y la obligación que existe en dejar espacios recreativos y naturales en proporción a la construcción habitacional. ¿O será que la política se ve olvidada por la práctica especulativa del suelo? Y si se trata de hablar del medio ambiente y la Tierra, quisiéramos saber por qué la Municipalidad ha abandonado también el control de las emisiones del transporte. Entre camiones y camionetas el interés especulativo, el ambiente de los capitalinos se reduce a una nube negra permanente.
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