El reclamo del papa Benedicto XVI durante su visita a Estados Unidos, de que se les dé un trato humanitario a los inmigrantes indocumentados enfureció aún más de lo usual a los grupos antiinmigrantes. ¡Qué bueno! Este Papa empieza a caerme bien.
Poco después de que Benedicto llamara a los estadounidenses a oponerse “a la violencia en todas sus formas –para que los inmigrantes puedan tener una vida digna”, y que un comunicado de la Casa Blanca dejara traslucir que Benedicto había pedido un “tratamiento humanitario” para los inmigrantes y sus hijos durante su entrevista con el presidente Bush, los adalides del movimiento antiinmigración salieron a disparar todos sus cañones.
En su noticiero del 16 de abril, el conductor de la CNN, Lou Dobbs, el favorito de los grupos antihispanos en Estados Unidos, sacudió la cabeza con más amargura que la habitual, y acusó al Papa de visitar Washington para “presionar a favor de la amnistía’”.
El congresista Tom Tancredo, hasta hace poco un aspirante a la candidatura del Partido Republicano cuya campaña proponía una ofensiva masiva contra los trabajadores sin papeles, dijo que las declaraciones del Papa “tienen menos que ver con la prédica del Evangelio que con el reclutamiento de nuevos fieles. Lo del Papa es marketing religioso”. Tancredo agregó que: “Me gustaría saber qué parte de nuestra laxa política inmigratoria le parece tan violenta”.
Ya que Tancredo lo pregunta, démosle ejemplos:
–¿Es violento separar a las familias, deportando a padres arrestados en sus lugares de trabajo, y dejar desprotegidos a sus hijos, a menudo niños pequeños nacidos en Estados Unidos?
Un estudio reciente del Urban Institute dice que hay más de tres millones de niños que son ciudadanos estadounidenses hijos de padres indocumentados. Miles de ellos son separados de sus padres de improviso, y hay millones más que corren el mismo riesgo. El impacto psicológico que tiene en los pequeños la repentina desaparición de sus padres se suma a la falta de refugio, de comida, de supervisión, señala el estudio.
–¿Es violento que los gobiernos municipales instruyan a las policías locales que asuman el rol de agentes de inmigración federales, aplicando las leyes inmigratorias más o menos a su antojo, o que aprueben ordenanzas prohibiendo a propietarios rentar sus apartamentos a trabajadores indocumentados, lo que está dando lugar a interrogatorios automáticos a cualquier persona de aspecto latino?
–¿Es violento que políticos y conductores de programas de televisión y radio culpen a los trabajadores indocumentados de todos los males económicos y sociales de Estados Unidos, porque además de ser erróneo, fomenta un clima de odio hacia los 43 millones de hispanos de la nación?
Según el último informe estadístico anual de crímenes raciales elaborado por el FBI, los crímenes por motivos étnicos contra los hispanos aumentaron un 35 por ciento en los tres años que culminaron en diciembre de 2006. Los hispanos representan el 63 por ciento del total de víctimas de crímenes motivados por causas étnicas, afirma.
El Southern Poverty Law Center consigna que existen 888 grupos que practican el odio racial en Estados Unidos, lo que implica un incremento del 48 por ciento desde 2000, sin contar unos 300 grupos antiinmigración creados en los últimos tres años. Gran parte de los crímenes raciales contra los hispanos “son perpetrados por gente convencida de que está atacando a inmigrantes”, afirma el estudio del SPLC.
Mi opinión: el Papa tiene razón. Los 12 millones de inmigrantes indocumentados que se estima viven en el país no solo deben recibir un trato humanitario, sino que muchos de ellos deberían tener la posibilidad de obtener su residencia legal si realizan trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, pagan impuestos y están dispuestos a aprender inglés.
Los grupos antiinmigración aducen que solo están en contra de la “inmigración ilegal”. Pero eso es una falacia, porque la inmigración “legal” es casi imposible para la mayoría de los indocumentados.
Estados Unidos necesita menos histeria antiinmigrante, y más esfuerzos para aprobar una ley de inmigración que otorgue más visas de residencia, y que al mismo tiempo perfeccione los controles fronterizos. Simultáneamente, el país necesita una mayor integración económica con Latinoamérica para ayudar a la región a crecer más rápidamente, y disminuir la necesidad de su gente de emigrar.
No deberíamos olvidar que la gente que muchos estigmatizan con el mote de “ilegales” son seres humanos, que merecen ser tratados como tales. ¡Gracias por recordárnoslo, Benedicto! ¡Vente por aquí más a menudo!
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