Es en verdad patético que tantos niños tengan que ir a sus colegios tan fuertemente custodiados, sea al Colegio Americano o a cualquier otro colegio. Pagan estos un precio muy alto por el bienestar y el éxito alcanzado por sus padres y como que si estos, en vez de admiración, mereciesen un castigo.
¿No le parece a usted patética la falta de libertad de estos pequeños? ¿De los jóvenes adolescentes para quienes los placeres de una vida común resultan poco menos que imposibles? El tema de este artículo no es otro que el de la inseguridad y el de la crítica habida para aquellos que, pudiéndolo hacer, han decidido protegerse y no lo es el de la desnutrición o la pobreza, el de la desigualdad social que existe en Guatemala o el del sufrimiento de otros niños.
Pienso que es en verdad patético que tengan que ser sus propios padres quienes se vean obligados a brindarles una seguridad, que debiese de existir como un estado de giro ordinario entre nosotros y que, brindada así, los hace prisioneros.
La cultura del fracaso desprecia lo que son el triunfo y la riqueza, como que si estos se tratasen de algo malo y como que si solo a través del mal pudieran alcanzarse.Lo ideal es que todos fuesen ricos y no creo que nadie pudiese hacer un ideal de la pobreza. Y, si es así, ¿por qué no propugnar por una cultura distinta en que se sepa valorar el éxito, el bienestar y la riqueza? ¿Por qué no respetar y comprender a todos aquellos que en buena lid los hayan ya alcanzado?
El peligro de secuestro que se cierne en torno de estos niños no se explica en las dramáticas diferencias económicas que se dan en Guatemala, como tampoco en la miseria o la pobreza. El secuestro ¡debemos de entenderlo! no es un delito que sea cometido por los pobres. Pobreza y violencia no son lo mismo y países como Madagascar, por ejemplo, que tienen muchísima más pobreza que la nuestra y, sin ir más lejos, Nicaragua, no tienen los índices de violencia que se dan entre nosotros y en ninguno de estos no se da secuestro alguno, delitos propios de las mafias y cuyo caldo de cultivo no es otro que el ansia de lo fácil. Claro que es terrible ese blindaje a que debe de acudirse pero lo que es digno de censura no son las víctimas, sino la delincuencia y el Estado ausente que lo imponen.
Las suburbans y los hombres armados evitan o reducen la posibilidad de los secuestros o al menos así lo han visto quienes tienen todo el derecho de protegerse a sí mismos y a los suyos, con sus recursos.
Que estos niños usaran los buses escolares no es una opción, a menos que se tratase de autobuses “artillados”; ya hubo secuestros en los buses.
Alguna jovencita, ajena a esta realidad, inmersa tal vez en su propia y personal burbuja, podría pensar que no existen organizaciones criminales en Guatemala y que semejante protección no se justifica pero, obviamente, no será esta quien pague el rescate de un secuestro o quien pueda reparar sus gravísimas secuelas.
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