Los expertos coinciden en la importancia de prepararse para sus efectos.
Por: Carlos Rigalt C
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Hay una parte en el documental “An Inconvenient Truth”, de Al Gore, que parece extraída del Señor de los Anillos. La cámara se desplaza entre precipicios de hielo ártico que se van deshaciendo a su paso. Es un fenómeno nuevo. Uno de los efectos “invisibles” del cambio climático para la mayoría de habitantes de la Tierra. El otro efecto del cambio climático es también invisible para los pobladores de ciudades y demás centros urbanos. En las regiones más áridas del planeta –o de Guatemala para el caso- los impactos del calentamiento global sobre las fuentes de agua ya son graves. Las inundaciones y devastación por tormentas y huracanes en zonas costeras son más frecuentes. La inseguridad alimentaria crece. ¿Un fenómeno “natural”?Para científicos como S. Fred Singer, autor del libro Unstoppable Global Warming: Every 1,500 years, la teoría de que el calentamiento de la atmósfera obedece a la acumulación de dióxido de carbono, producto de actividades humanas, no es cierta.“Teóricamente –dice- en los trópicos el calentamiento por el efecto invernadero debería registrar tasas cada vez más altas, mientras ascendemos en la atmósfera. A diez kilómetros sobre la superficie terrestre debería estar el punto máximo, pero en realidad no hay ningún incremento”. Singer es de los científicos en los que se basa el Gobierno de Estados Unidos para negarse a reducir las emisiones de dióxido de carbono de su industria. Para Singer, el consenso de los 2 mil 500 científicos que conforman el Panel Intergubernamental del Cambio Climático -Premio Nobel 2007- no es confiable. La mayoría de sus miembros “no cumplen los requisitos para denominarse científicos”, subraya. Y sin embargo, se calientaPero sabemos que el planeta se está calentando y que la temperatura promedio mundial ha crecido en “aproximadamente 0.7 C desde el inicio de la era industrial”, dice el Informe sobre Desarrollo Humano (PNUD 2007) dedicado al tema.Y el calor aumenta: “La temperatura media promedio en el mundo aumenta en 0.2o C cada diez años”, señala el informe. Con estos cambios, los patrones de lluvias se alteran, las zonas ecológicas se desplazan, los mares se calientan y las capas de hielo se derriten. Para el PNUD, la adaptación forzada al cambio climático ya es un hecho en todo el mundo, y significa cosas como que en regiones áridas de África las mujeres ahora deban “caminar distancias más largas para encontrar agua”. En Bangladesh, los agricultores enfrentan mayores pérdidas “causadas por tormentas, inundaciones y oleajes más intensos” o que, en la región más árida de Centroamérica, Zacapa, los ríos desfallezcan. De los diez ríos que hace una década bajaban de la montaña de las Granadillas, unos han disminuido significativamente su caudal y otros “han desaparecido” por completo, dice el reverendo luterano José Pilar Álvarez Cabrera, que impulsa proyectos ecológicos en Zacapa. ¿Cree él que esto es causa del calentamiento global? Absolutamente. “Hace diez años no se racionaba el agua, ahora llega solo una vez por semana y durante unas pocas horas”. ¿Cambio climático “peligroso”?Según Gustavo Wilches-Chaux, colombiano integrante de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, existe una relación entre la destrucción causada por los fenómenos erráticos del clima y la vulnerabilidad de las comunidades.Por ejemplo, el “Katrina mexicano”, las inundaciones de noviembre pasado en Tabasco que dejaron más de 1 millón de damnificados, fueron tan devastadoras porque el área de la península de Yucatán había sufrido deforestación por incendios desde 1998. Esto destruyó su “sistema inmunológico”, sus bosques, dice. De acuerdo con Jorge Cabrera, ambientalista guatemalteco, quienes dudan del calentamiento global y de la seriedad de los argumentos de los científicos del IPCC, bien harían en observar la realidad a su alrededor: la nevada sin precedentes históricos en Ixchiguán, San Marcos, a principios de año; el volcán Barba, en Costa Rica, cubierto de nieve hace dos semanas; la destrucción causada por El Niño y Stan o el “clima de desierto” que se vive en la capital, entre otros muchos. Presencia ineludibleQuienes viven con mayor dependencia de la Naturaleza no tienen dudas sobre la presencia nefasta del cambio climático. Como las 70 comunidades en el municipio de La Unión, Zacapa, donde, según Álvarez, ya existen problemas de desnutrición entre mujeres y niños a causa de la escasez de cosechas. O entre los pescadores artesanales de la costa sur, quienes, “salen por tres días al mar y regresan con las manos vacías”, afirma Enrique Bonilla, vicepresidente de la mayor cooperativa de pesca.Algo en lo que los conocedores coinciden es en la futilidad de echarle la culpa de los desastres a la Naturaleza, a Dios o a los países desarrollados, y en la importancia de comenzar a construir una cultura de prevención de riesgos, lo que no siempre sucede. Así como la destrucción ocasionada por el huracán Mitch fue alimentada por la vulnerabilidad social creada por las guerras en Centroamérica, en la ciudad capital hay proyectos de colonias y condominios que se construyen en los bordes mismos de los barrancos o en medio de los cauces de los ríos. Para el ministro de Ambiente, Luis Ferraté, no existen dudas sobre la posición tan delicada de Guatemala ante el cambio climático, que cataloga como “muy grave”. Entre las primeras medidas de su gestión a nivel local está concienciar a las comunidades del interior del país sobre el fenómeno. Y a nivel nacional, reforzar el sistema guatemalteco de áreas protegidas es “la mejor vacuna”. |
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