La indolencia de las instituciones financieras internacionales, parece estar llegando a su fin.
Temerosos de la existencia de revueltas e incluso insurrecciones populares, originadas en el alto costo y consecuente inaccesibilidad de los alimentos, han lanzado, en semanas anteriores, señales de alarma, expresadas por personeros de los Bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo, para quienes el alto costo de los alimentos puede provocar graves crisis de ingobernabilidad. Sin embargo, la nota más amarga, con la advertencia de que “lo peor está por venir”, fue lanzada la semana anterior por el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional. Estas mismas señales de preocupación han venido generándose desde la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), desde hace ya más de una década. Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el derecho a alimentarse, predijo hace más de tres años que los tratados comerciales, suscritos por Centroamérica y Estados Unidos de América, se constituyen en una amenaza para la seguridad alimentaria de la región. A las advertencias de FAO y Ziegler, en Guatemala simplemente se ha hecho oídos sordos, y se ha preferido mantener un modelo de agricultura dedicado a la exportación, bajo el razonamiento de que es más fácil y más barato importar los alimentos que producirlos, y en el último de los casos “mamá” Programa Mundial de Alimentos nos socorrerá con donaciones de raciones alimentarias. Pues bien, ahora que la crisis está tocando fondo, el gran capital nacional no parece preocuparse, seguimos como si nada, bajo el modelo de impulso a la competitividad incrementando “alegremente” la producción de carne para la exportación, con el consecuente daño ambiental y el robo de espacio para el cultivo de los alimentos. Nos ufanamos, aún, del incremento de nuestra producción azucarera y de palma “africana” para la producción de combustibles. Esto sin el menor reparo de la gravedad de la situación. La mayor medida preventiva de estos sectores ha sido demandar al Estado que les permita seguir utilizando armas largas para su defensa. Ojalá que ahora, cuando por fin la banca mundial se ha preocupado de la situación, utilice su influencia en el país para estimular medidas transformadoras a efecto de superar la crisis. La propuesta lanzada por FAO debiese ser la guía orientadora: fomento a la agricultura familiar por medio de créditos, transferencia tecnológica, asistencia técnica, garantía de precios y reformas agrarias. En el sur del continente existen secretarías de Estado dedicadas a este fin. ¿Hasta cuándo la indolencia y la “política del avestruz” llegarán a su fin en Guatemala?
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