El lunes recién pasado tres instituciones conformaron un consorcio de carácter temporal, que buscará apoyar acciones en la temática del desarrollo económico local, conocido este por sus siglas como DEL. Para el efecto, la Red Nacional de Grupos Gestores, la Fundación Soros y el programa “Promudel” (Programa Municipios para el Desarrollo Local), de la cooperación técnica alemana, signaron un compromiso que busca analizar las experiencias exitosas que se han implementado en el país en la promoción del desarrollo desde lo local y, a partir de ello, generar un sistema de difusión de estrategias funcionales, con el propósito que los actores, tanto públicos como privados, cuenten con instrumentos metodológicos que faciliten su trabajo y produzcan mayor impacto en las economías locales, con el fin de generar empleo y reducir la pobreza. En la firma del consorcio se anunció que existe apertura para que otras entidades se integren al mismo, y la Universidad del Valle de Guatemala manifestó su interés.
La noticia del consorcio ha entusiasmado a académicos, empresarios y líderes políticos, quienes ven en ello un apoyo a los esfuerzos que se avanzan desde hace una década para revertir la tendencia centralizadora que ha padecido Guatemala en su historia.
Como sabemos, es en la época Colonial que la Capitanía General consolida su status de centro político, económico y social, inhibiendo, y en muchos casos y ocasiones impidiendo que en el resto del territorio centroamericano se desarrollaran otras ciudades de relativa importancia. Y esa lógica centralizadora continuó con la Independencia, la Constitución de la Republica, y hasta la fecha, cuando constatamos que, por ejemplo, la inversión del Estado, tanto la pública como la privada, se concentra en la capital de la República.
El cambio hacia un Estado descentralizado llevará tiempo, pues es ya parte de la cultura el pensar y creer que solo la capital cuenta; pero se puede confiar en que los liderazgos nacionales se han convencido de lo inviable que puede ser el país si se siguen concentrando las actividades en la metrópoli capitalina. Y el reclamo del interior es también evidente, como se demostró en las recientes elecciones generales en las que los ciudadanos del interior votaron por el que ofreció prestarles atención. Hoy la esperanza es que esa oferta política se traduzca en acciones eficaces.
La “hoja de ruta” que seguirá el consorcio indica que en un primer momento se levantará información de experiencias sobre DEL, para luego sistematizarlas y generar documentos de análisis que se someterán a discusión en un congreso que se tiene previsto para finales de año, y al que se espera asistan representantes de los consejos municipales de todo el país, así como líderes de entidades publicas y privadas que accionan en el desarrollo rural y del interior. Luego del congreso, que se espera valide las experiencias exitosas, se producirá material didáctico para la capacitación, y concluirá el esfuerzo del consorcio con el establecimiento de un sistema permanente de capacitación sobre DEL.
Durante la presentación del consorcio un renombrado académico manifestó su complacencia por cuanto como efecto colateral al propósito central, se estará dando a las ciencias económicas un aporte importante al poner la investigación microeconómica en primer lugar, ya que lo tradicional ha sido que los profesionales de esas carreras se especialicen en la macroeconomía.
El comentario generalizado entre los asistentes a la firma del consorcio fue que existen condiciones y posibilidades reales de lograr cambios cualitativos y de fondo en el país si se promueve la inversión pública y privada en el interior. Y es posible por cuanto se cuenta con un andamiaje legal mínimo, entre lo que destaca la ley de descentralización y el nuevo código municipal; se ha logrado una estabilidad macroeconómica; y los políticos han visto la urgencia de promover más el interior del país. Pero lo más importante es que hay oportunidades ilimitadas en varios giros de la economía.
Parece, pues, que ha llegado el momento del desarrollo económico para las comunidades del interior, el que vendrá a sumarse a la economía tradicional, con lo que se espera generar más empleo y reducir la pobreza que nos agobia.
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