Cuatro meses han sido suficientes para que la familia Torres se convierta en una dinastía. La llegada de Sandra Torres de Colom al poder le abrió a sus hermanos la puerta grande para formar el más cínico grupo de poder y tráfico de influencias.
Lo insólito del caso es que con total impunidad, prepotencia y autoritarismo esta familia está haciendo de las suyas. Y estoy segura, que estos errores, a escasos más de 100 días de haber asumido el poder, se les revertirán más temprano que tarde.
La semana pasada, Enrique Torres, un tipo entrado en años, cabello cano y sonrisa siniestra acaparó la portada en los medios de comunicación. El hermano mayor de la Primera Dama le daba al controversial dirigente sindical, Joviel Acevedo, uno de los triunfos más grandes que ha recibido en su vida: la firma del pacto colectivo con su cuñado Álvaro Colom, que costará al Estado Q600 millones anuales.
Este pacto, que surge en medio de juicios y demandas legales por el incumplimiento laboral de Acevedo, envía al país un mensaje de impunidad y ausencia del Estado de Derecho.
Además, este pacto que prácticamente le quita la rectoría al Ministerio de Educación para sancionar a los maestros irresponsables y le otorga el poder casi absoluto al movimiento del magisterio, tira por la borda la esperanza de modernizar el magisterio.
Sin embargo, lo que más sorprende es el descaro con el que el cuñado del presidente Colom presume de que, además de haber conseguido la firma de este pacto, sus bolsillos se rebalsarán al cobrar entre Q17 millones y los Q32 millones.
Al mismo tiempo, Joviel desafió al mismo sistema de justicia asegurando, “sepan que nunca voy a ser despedido, ni destituido ni removido”.
Observar al cuñado del señor Presidente en este tipo de componendas que desafían a la ley, es un acontecimiento digno de vergüenza, que demuestra el tráfico de influencia y los compadrazgos que mueven a las autoridades de este país. Por otro lado, Gloria Torres, la hermana inseparable de la Primera Dama, se ha convertido en quien controla el teje y maneje de las obras de todas las municipalidades. De un plumazo usurpó las labores INFO y, ahora, es el poder para gestionar cualquiera de las obras municipales que se quieran ejecutar con fondos públicos. Años atrás, doña Gloria se dedicaba al trámite de créditos municipales, por lo que cobraba un porcentaje sobre los montos gestionados. Ahora, gracias a su parentesco con la Primera Dama, sin un cargo legal dentro del Gobierno, será quien fiscalice un trato equitativo para los jefes ediles, una función que por ley le corresponde a Infom.
Y lo mismo se puede decir de su hermano Rolando, quien ahora funge como asesor en el Congreso de la UNE, y a quien su madre, la ex alcaldesa de Melchor de Mencos, Teresa Casanova de Torres, le otorgó ilegalmente un terreno de 32 manzanas que fue despojado de La Asociación Laborantes del Bosque.
En este caso, el recién electo alcalde Ricardo Ávila, ha confesado torpemente que “la municipalidad no ha denunciado estas anomalías porque no nos conviene. Existe temor hacia la ex alcaldesa por el poder que ella tiene ahora. Además, podemos perder el apoyo del Gobierno central... ella es la suegra de Colom”, dijo en una entrevista a elPeriódico.
Lo penoso en estos casos es que cuando un Gobierno se estrena, en la mayoría de los casos, intenta dar una buena imagen, ser precavido y actuar conforme a la legalidad. Pero en este caso, está claro que a Álvaro Colom y a su esposa Sandra, poco les importa el país. Acá está claro que existía una voracidad desde hace 15 años, cuando la UNE inició sus campaña por llegar al poder. Y desde los primeros meses, todos los familiares de la Primera Dama están copando puestos claves, usurpando funciones y haciendo lo que se le viene en gana.
Doña Sandra Torres de Colom se inauguró con el mal ejemplo a escasas semanas de que su esposo fue nombrado Presidente de la República. Entonces ella, asumió el control del Consejo de Cohesión Social, que controlará más de 20 fideicomisos y fondos sociales que sobrepasan los Q2 mil millones.
Pero además, esta señora se atribuyó las funciones del vicepresidente y se colocó una silla en el Gabinete, donde legalmente no existe una figura para ella.
Está clarísimo, que para la dinastía Torres, lo que piense el ciudadano o lo que diga la prensa les importa un comino. El problema de todo esto es que el pueblo aguanta, pero luego las cosas se van acumulando y cocinando en una olla de presión, y ebullen por mucho tiempo hasta que finalmente estallan. Y eso, es lo que la familia Real aún no ha comprendido.
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