Se me ha dicho que existen reparos millonarios en cuanto al manejo de la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP), pero, la verdad de las cosas es que tales reparos le son absolutamente ajenos a Wendy de Berger, esposa de quien en ese entonces fuera el Presidente, puesto que esta no fue nunca cuentadante, ni ocupó cargo alguno, siendo los únicos responsables, en todo caso tal y como lo establece la ley, los funcionarios públicos y cuentadantes de dicha entidad.
Llama la atención, también, que existan ahora algunos que se rasgan las vestiduras por los espacios dados por el Presidente de la República a su esposa, Sandra Torres de Colom, puesto que esta, al igual que Wendy, no es funcionario, ni cuentadante, lo que hace que no sean otros, sino los distintos funcionarios públicos, los únicos responsables, de conformidad con la ley.
En otras palabras, la naturaleza jurídica de lo hecho por Wendy y de todo cuanto Sandra realice como esposa del Presidente, no es ni más ni menos que la misma, ajenas ambas a cargo público alguno y a la responsabilidad de un cuentadante. La diferencia es simplemente cuantitativa: El espacio de aquella, más reducido, propio del que haya podido corresponder a las esposas anteriores, si bien ya, para entonces, bastante ampliado, y el de Sandra, muchísimo más amplio, entregado a esta en su calidad de esposa, pero de una esposa que, además, ha sido copartícipe del proyecto político que realiza su marido, tan dirigente nacional aquella como este y, al igual que este, líder, líder también ella, cofundadores los dos del partido político que venció en las elecciones. Por eso, no siendo las esposas de los presidentes, ni funcionarias, ni cuentadantes, no es sino la historia la que viene a juzgarlas. Dentro de cuatro años podremos evaluar si los programas piloto de Wendy, cargados de buenas intenciones, y marcados todos ellos por lo que fuera su más reducido espectro tuvieron menor o mayor incidencia que los que Sandra de Colom impulsa y se propone, programas nacionales estos, de muy amplio alcance.
La responsabilidad de cuanto mande o inspire la esposa de un Presidente recae, –tal la consecuencia de que no sean estas ni funcionarias ni cuentadantes– en los funcionarios públicos a quienes les corresponde el ejercicio de las funciones y el rendimiento de las cuentas, funcionarios estos que no deben de olvidarlo. Si ilegal el espacio de acción de Sandra, ilegal el de Wendy, y si ilegales estos, pues ilegales el de todas, incluido, entonces, el de la propia doña Elisa. (continuará)
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