La Junta Monetaria, en su afán por atajar el alza de precios, ha venido aumentando la tasa de interés bajo una estricta ortodoxia monetarista, con el propósito de esterilizar la masa monetaria (dinero en circulación). La lógica detrás de esta decisión es reducir el poder adquisitivo de los consumidores, bajo el supuesto de que hay exceso de liquidez en el sistema.
El control de la oferta de dinero tiene sentido cuando la inflación es provocada por el exceso de circulante en el sistema, pero no cuando la misma es importada, o sea que está incorporada a los productos importados básicos para la economía, como los combustibles, por ejemplo. En este caso, la inflación no puede ser atajada por la vía de la esterilización de la masa monetaria. A estas alturas, se ha podido establecer que la inflación importada está siendo el detonante del alza generalizada de precios y no el exceso de circulante, por lo que es ilógico que se siga echando mano del control de la oferta de dinero para atajar la inflación.
En todo caso, los efectos contraproducentes de aumentar la tasa de interés ya se están percibiendo. Uno de ellos es la revalorización del quetzal frente al dólar estadounidense. La gente tiene menos quetzales para comprar dólares y, por ende, la demanda de esta moneda está disminuyendo progresivamente.
Por consiguiente, la revalorización del quetzal no se debe a la caída del dólar en el mercado internacional, como se ha pretendido hacer creer. Se debe, como ya indicamos, a la política monetaria que ha adoptado el banco central, ni más ni menos. Por cierto, esta decisión no sólo no está contrarrestando la inflación, sino que está encareciendo el crédito y, por tanto, desincentivando la inversión y el consumo, contrario a lo que se aconseja en una etapa de contracción económica como la que estamos viviendo.
El Gobierno prepara un nuevo paquete tributario (otro en menos de dos años), cuyos componentes, a juicio de los expertos, tendrán un alto impacto inflacionario debido al efecto traslativo. Y se restará capacidad de compra a los contribuyentes en el peor momento. El Gobierno socialista español, por el contrario, anunció una reducción de impuestos para enfrentar la grave estanflación (recesión combinada con inflación) que está agobiando a la economía mundial. Asimismo, el gobierno estadounidense está devolviendo el producto de los impuestos a los contribuyentes para apuntalar la capacidad de consumo.
Nuestros amigos en el poder no dan pie con bola. ¿Qué tal si fueran nuestros enemigos?
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