La incaparina es un alimento de alto valor biológico obtenido de mezclas vegetales: harina de maíz y de soya, enriquecidos con vitamina A, ácido fólico, hierro y zinc. Su preparación es sencilla y su consumo es en forma de atole, altamente aceptado por las comunidades guatemaltecas tanto rurales como urbanas. Optar por este alimento beneficia a miles de niños y niñas, tanto en los aportes de energía, proteínas, como de vitaminas y micronutrientes. Pero eso significa beneficiar a una familia industrial que la produce: “Alimentos S.A.” Una familia próspera en el país.
La leche es igualmente un alimento de alto valor biológico. Menos aceptada que la incaparina, porque produce trastornos gastrointestinales en los niños y niñas, que van desde distensión abdominal, hasta dolores abdominales y diarrea. Muchas madres optan por que a sus niños no se les dé la leche sola, porque los enferma. Pero si se selecciona a la leche en los refrigerios escolares, se beneficia a miles de familias dedicadas a la industria láctea en Guatemala, una industria semiolvidada que no logra producir todo lo que la población demanda en cuanto a este alimento, importante en la alimentación infantil. De ahí que buena parte de la leche en el mercado sea importada de otros países.
Entre un atole obtenido de mezclas vegetales enriquecidas con vitaminas y micronutrientes y leche de vaca, es mejor (nutricionalmente) y más aceptado el primero. Pero no olvidemos a los productores de leche en el país, que a duras penas mantienen una industria de las que pocos se preocupan.
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