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Guatemala, domingo 27 de abril de 2008

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Domingo:

Francis Fukuyama. El conferencista de visita

Ganó fama tras la caída del muro de Berlín con el libro “El fin de la historia”. Visitó Guatemala la semana pasada.

Enrique Naveda

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Fukuyama en breve

Politólogo y autor de libros polémicos (“El fin de la historia”, “Confianza”, “La gran ruptura”, “El fin del hombre” y “La construcción del Estado”), da clases de Economía política internacional en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Paul H. Nitze de la Universidad Johns Hopkins, en Washington, DC.

De 1981 al 82, y en 1989 fue miembro del Cuerpo planificador de política del Departamento de Estado de Estados Unidos.
Francis Fukuyama (1952, Chicago, EE.UU.) tiene la voz profunda y pausada. Se sienta con su traje oscuro en una acolchada butaca del Salón de los Espejos en la Casa Presidencial. Casi toda la mañana de este lunes la ha pasado en este edificio.

Ahora, exhausto, y a menos de cuatro horas de su partida hacia Estados Unidos, parece un poco despistado y, aunque es amable, se le adivinan pocas ganas de otro compromiso. Una entrevista.

Más trabajo. Llegó el día anterior y en menos de 24 horas dio tres conferencias, se reunió con el embajador estadounidense, con la Primera Dama y asistió al Gabinete de Gobierno. Todavía le falta el acto para el que ha venido: la presentación del programa “Mi Familia Progresa”.

¿No se siente exprimido?
-Pero es culpa mía. Tengo que regresar a Nueva York el martes para otra charla y me hubiera gustado permanecer más tiempo en Guatemala.

¿Siempre trabaja a este ritmo?
-Admito que ha sido un poco más agitado que de costumbre... (risas).

¿Qué le parece el programa de transferencias condicionadas?
-En general apoyo estas iniciativas. Creo que el problema de fondo para el desarrollo de Latinoamérica ha sido la desigualdad, y el hecho de que la gente no tiene opciones de ascender a la clase media o mejorar su situación económica. Creo que el Gobierno, además de promover el crecimiento económico, debe tener programas sociales destinados a los pobres. Y las transferencias condicionadas son una manera muy prometedora de hacerlo. Bolsa Familia ha tenido un efecto notable en la mengua de la desigualdad en Brasil en los últimos 10 años.

Guatemala afronta muchos desafíos. ¿Es posible superarlos con una carga tributaria del 12 por ciento?
-Es importante revisar la política fiscal. Si se comprometen con un programa como este (transferencias condicionadas) es fundamental que el dinero se use de manera responsable y que el Gobierno encuentre la manera de financiarlo. Si eso significa subir los impuestos, es obvio que causará oposición entre la gente que tiene que pagarlos. Así que es tarea del Gobierno explicar por qué es necesario, por qué se considera que el dinero será bien empleado y cuáles son los principales objetivos del programa. Es decir, conseguir que la sociedad se adhiera.

¿“Revisión” significa incremento de impuestos?
-(Risas) No le puedo decir cuál es la cifra adecuada para Guatemala. Pero me parece que para cualquier iniciativa como esta, es necesario tener los recursos, ya sea que se consigan mediante otros programas o con impuestos. Tiene que haber una forma de sostenerlo a largo plazo.
Usted habló de los beneficios que la redistribución de las tierras produjo en el Este asiático.

¿Ayudaría algo así en Guatemala?
-Tengo la impresión de que en las zonas muy pobres de la Guatemala rural el gran problema no es ese. La gente tiene su propia tierra y cultivos y ya no existen aquellas grandes y anticuadas haciendas. Así que me parece prioritario mejorar la educación y la salud.

También ha dicho que hay muchas formas de fortalecer instituciones, pero ¿existe un primer paso obligatorio?
-No. Cada sociedad tiene sus propias peculiaridades. Aquí yo diría que lo básico, aparte de estos programas sociales, es la seguridad.

¿Cree que las ideas neoconservadoras han dañado a los países en desarrollo?
-(Toma aire) Depende. La guerra de Irak fue evidentemente dañina para Irak, y creó mucha más inestabilidad en Oriente Medio.

¿Y el Consenso de Washington?
-Bueno, esa no es una idea neocon. Los neoconservadores no tienen opinión sobre asuntos económicos. Están más interesados en la seguridad. Pero si hablamos de neoliberalismo, se trata de un conjunto distinto de ideas. Y creo que tuvieron éxito en varias cosas. La razón del Consenso de Washington fue la crisis latinoamericana de deuda. A finales de los setentas se dieron dos shocks petroleros. Los gobiernos de esta parte del mundo respondieron con un manejo torpe de la economía: pidieron préstamos, propiciaron inflación, trataron de controlar la crisis de forma artificial, lo que causó un revés al desarrollo. El Consenso de Washington consistió en una serie de medidas de sentido común destinadas a que los gobiernos equilibraran sus presupuestos y redujeran el tamaño del Estado. Esas lecciones se aprendieron y ahora que volvemos a tener alza de precios energéticos nadie padece hiperinflación. El problema es que esas políticas propuestas en Washington no son suficientes por sí mismas.

¿Éramos conscientes de eso en los ochenta?
-(Ríe incómodo) Eso es asunto de controversia. El problema de finales de los ochenta y los noventa fue que no se reconoció lo suficiente la necesidad de un Estado fuerte. En mi libro cito una entrevista a Milton Friedman, el jefe de la economía de mercado en la última generación. A principios de los noventa su consejo hubiera sido privatizar lo más rápido posible; 10 años después, se dio cuenta de que el Estado de Derecho era más importante, y de que sin él, la privatización no funciona.

Usted ha hablado de Hugo Chávez. Se contempla el ascenso de líderes populistas que capitalizan el fracaso del neoliberalismo. ¿Qué expectativas despierta?
-Chávez va a ser su peor enemigo. Ha repetido todos los errores clásicos del populismo latinoamericano. La única razón por la que no ha pagado el precio de eso es que el valor del petróleo ha crecido tan rápido que puede tapar muchas equivocaciones. Venezuela tiene la mayor inflación de todo el hemisferio occidental, la situación fiscal no es sostenible, a la mínima caída del precio del petróleo no podrá equilibrar sus presupuestos.

Director del National Endowment for Democracy, pero también un notorio conferencista. ¿Cómo es ser conferencista?

-(Ríe) Soy muy afortunado. Puedo dar mi punto de vista, pero sobre todo puedo escuchar a otros. Un problema de los estadounidenses en los últimos tiempos, como somos tan grandes y poderosos no escuchamos.

¿Cuántas conferencias da en un año?
-Sesenta o setenta. El año pasado visité alrededor de 20 países.

¿Y cómo lo lleva?
-(Se mueve en el sillón y suelta una risita)...

El domingo tuvo una hora para hacer su exposición: un resumen muy impreciso de su pensamiento. ¿Le duele simplificar sus ideas?
-Es importante ser capaz de comunicar ideas complicadas de una manera sencilla para que lleguen a más gente. El problema de muchos intelectuales es que solo les interesa hablar con otros intelectuales. Así que no me importa simplificarlas si logro que la gente piense en estos asuntos.

Y el pago por las conferencias, ¿es seductor?
-A veces me pagan y otras no. No me dieron nada por venir a Guatemala.

¿Nada? ¿Vino solo porque le interesa el programa...?

-Ajá.

Le puede sonar un poco excéntrico pero ¿cuándo se dio cuenta de que se había convertido en una celebridad intelectual?
-(Suelta una carcajada) No sé... mmm... Cuando se publicó mi primer libro, El fin de la historia, supongo que ahí empezó todo, pero trato de evitar que afecte mi forma de pensar.

Pero ¿le afectó en algo?
-Creo que en aspectos positivos. Voy a muchos sitios interesantes y conozco a gente muy interesante.

Muchos lo etiquetaron en el pasado como neocon y ahora dicen que abjuró. Otros lo juzgan un humanista que confía en la cultura y la ciencia para desplazar la religión. ¿Cómo se ve?
-(Recapacita) Nunca pienso en mí mismo como alguien político porque creo que para un intelectual es importante permanecer arraigado en problemas de políticas públicas del mundo real. Si lo que dices no sirve para mejorar vidas, entonces tu guía es limitada. Busco un equilibrio entre la urdimbre de un amplio conjunto de ideas para comprender el mundo y cómo incidir en él.

Lo cito: “el neoconservadurismo se ha convertido en algo a lo que ya no puedo apoyar”.
-Sí, claro. Muchos se comenzaron a preocupar demasiado por el poder de EE.UU. (sobre todo el militar) como forma para promover el cambio político. Eso es un error tremendo.

¿Pero esa no es una idea crucial del neoconservadurismo?

-Sí, es muy importante. Pero en el pasado pasaban mucho tiempo subrayando los límites de la ingeniería social y de los planificadores para traer transformaciones sociales. Sin embargo, olvidaron esos mismos argumentos en Irak. Creo que dejaron de vivir de acuerdo con sus ideas. En muchos sentidos.

Como usted, mucha gente cambió de postura o de lado. ¿Siente desprecio de parte de quienes no lo hicieron?
-Algunos dejaron de hablarme, otros son más abiertos.

¿Ha llegado a pensar que muchos no lo seguían por sus ideas o argumentaciones, sino por cómo estas le daban sustento filosófico a sus propios anhelos?
-Quizá. Para muchos de los que abogaron por la guerra de Irak es difícil aceptar que fue un error terrible, y se ponen a la defensiva.

¿Tiene algo que ver el neoliberalismo con el liberalismo clásico?
-(Piensa) Claro que sí, están basados en las mismas ideas económicas. Si miramos la teoría del comercio, el argumento de que si el Estado deja de tratar de controlarlo y de dar subsidios, el bienestar de todos se maximiza...

Pero pareciera que la única libertad que defiende el neoliberalismo es la económica. O sea que ha reducido a eso las miras que tenía el clásico.
-Es verdad que el liberalismo per se tenía una dimensión tanto política como económica y que el neoliberalismo, como se entiende en Latinoamérica, es solo un conjunto de políticas económicas. Pero no creo que nadie haya presentado nunca el neoliberalismo como una ideología profunda y filosófica, más allá de una receta para propiciar crecimiento después de la crisis de deuda.

Después de su cambio de postura, ¿cómo se siente al examinar las ideas que sostenía?
-Depende. He cambiado de idea sobre muchos asuntos, pero los temas fundamentales que he tratado... creo que en lo esencial no me equivoqué: la democracia sigue siendo la única forma de Gobierno legítima que hay en el mundo. En cuanto a políticas específicas, como apoyar el derrocamiento de Saddam Hussein, cambié de opinión...

¿Ha buscado su nombre en wikipedia alguna vez?
-(Ríe relajado) Sí. Y lo he visto evolucionar con el tiempo...

Me preguntaba si se siente cómodo al ver que su nombre aparece en el mismo párrafo que el de Wolfowitz, Rumsfeld, Cheney...

-Eso es algo que no puedo evitar. El problema de wikipedia es que se concentra en... (todavía suelta una risita) en un par de hechos recientes. Pero no en lo más relevante de mi vida.

¿Le molestaría que la Historia lo recordara así?
-Estoy seguro de que no será el caso.
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6 comentarios:

  1. Héctor Girón: (2008-04-27 16:56:40 horas)
    Estás en lo cierto Arjona ""iiintelectuales de mercadooo", . Es muy dificil que un científico de cualquier rama recule ante sus descubrimientos, por que estos descubrimientos se transforman en conocimiento, en tesis, que se pueden probar muchas veces en la vida. Pero tambien hay muchos intelectualoides que viven repitiendo y copiando conocimiento descubierto y que al final se dan cuenta que no lo entendieron. !la ciencia no muere!. Farsante! Ojala y nuestra alma mater no le haga el juego.
  2. wENDOLYNE cASTELLANOS: (2008-04-27 13:52:13 horas)
    El Sr. Fukuyama está obligado a decir la verdad a Jose Calderón. Porqué las teorías libremercadistas, en las que solo cree Ayau y Dionisio no son aplicables a latinoamérica. Fukuyama queda en evidencia, critica los errores de Friedman subliminalmente, y da a entender que se tuvo que apartar de los neoconservadores norteamericanos como él mismo Friedman y Bush el criminal azufrado. Si estas teorías llevaron a esta crisis mundial y especialmente al colapso económico norteamericano, porqué pretender establecerlas a puro huevo en Guatemala. No somo conejillos de indias para que experimente si podemos vivir racionados con arroz. Los derechistas y oligarcas me podrían explicar porqué hay arroz en Cuba y en los estados Unidos ni en la 2a guerra mundial se tuvo que limitar a determinada cantidad de libras por familia. En Cuba hay un graffitti que dice" HAY NIÑOS DE LA CALLE EN TODO EL MUNDO, PERO NINGUNO ES CUBANO", sera una casualidad o una realidad. El entrevistador si hubiese sido economista habría despedazado a Fukuyama el invitado permanente de la "marro" que están un poco atrasados en materia económica.
  3. José A. Calderón : (2008-04-27 11:45:55 horas)
    Cuatro comentarios puntuales
    1. Divertido cómo uno de los prominentes exponentes del neo-conservacionismo se refiere a ellos como ajenos.
    2. Creerle que su interés por venir a Guatemala se limita al programa MI Familia Progresa, me parece un insulto a nuestra inteligencia.
    3. Desde la gran metida de pata con "El Fin de la Historia" (tan famosa como su reculada) ya estamos acostumbrados a su impresición, pero de eso a decir que: "Tengo la impresión de que en las zonas muy pobres de la Guatemala rural el gran problema no es ese. La gente tiene su propia tierra y cultivos y ya no existen aquellas grandes y anticuadas haciendas..." Ulugrún.
    4. Aunque el entrevistador fue muy "condescendiente" (por decirlo de alguna forma), Fukuyama queda nuevamente en evidencia.
  4. Andrés Zepeda (el bobo de la caja): (2008-04-27 11:15:05 horas)
    Gracias.
  5. Coco Peredo: (2008-04-27 08:42:16 horas)
    Le hubiesen hecho 2 preguntas mas al Sr. Fukuyama: 1. Porque erró el Sr. Friedman y que concepto lo hizo cambiar que era mas importante el Estado de Derecho, en un lapso de 10 años, aunque dialécticamente hablando tenía derecho. 2. A que se debió que las políticas Fukuyama aplicadas por M. Thatcher en Inglaterra no funcionaron, o fueron mal aplicadas. 3. Porque las teorías desde los Chicago Boys, Friedman y él mismo, en Latinoamérica han ampliado la brecha, y aumentado la pobreza extrema. Hay que recordar que Cheney asistía a las clases de Fukuyama, lo raro de todo esto es que R. Nixon dijo: aplicaremos a Friedman en Chile, pero no en EEUU, pues aquí no funcionaría (cita de N.Klein).
  6. MANN PELLECER: (2008-04-27 02:00:10 horas)
    Tan solo el nombre del muro de Berlín, me hace recordar a los presidentes Gorbachov, y a Ronald Reagan con su famosa frase "President Gorbachov, por favor derribe ese muro" y cuanto desearía que el presidente Calderón le dijera en la frontera de Méjico al presidente Bush, " President Gorba...digo Bush, por favor derribe ese muro. Feliz domingo. mannpellecer@yahoo.com
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