Un reciente estudio de la Asociación Americana de Psiquiatría advierte de la dependencia que estos crean en niños y adolescentes.
Por: Claudia Palma
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María Andrea tiene 16 años. En su buzón de mensajes de texto “solo caben 27 y tengo que borrarlos para recibir más”, dice. En algunas ocasiones estos siguen entrando de madrugada. Aunque no los vea en ese momento no es capaz de dormir con el teléfono apagado. Se las ingenia con Q150 mensuales para estar disponible, sacando provecho del saldo doble o triple. Sus habilidades para comunicarse desafían la imaginación. Es capaz de hablar por teléfono, sostener conversaciones en el chat con varios usuarios y contestar mensajitos. Duda cuando se le pregunta si considera si lo suyo es adicción. “No lo sé. Hay momentos en que me dan ganas de enviar mensajitos de la nada. No resisto ver a cada momento si hay alguno en el buzón”, comenta. Jerald Block, investigador de la Universidad de Oregon, advirtió recientemente en un estudio publicado para la Asociación Americana de Psiquiatría que las personas que envían grandes cantidades de mensajes de texto podrían sufrir de un trastorno mental asociado con la adicción a Internet. A su juicio, esta adicción y otras correlacionadas son un “trastorno común” que merece su inclusión en el manual de los trastornos mentales utilizados por los profesionales de la salud. Aunque las compañías telefónicas del país no desean compartir sus estadísticas sobre con cuánta frecuencia envían los niños y adolescentes mensajes, Claudia Massis, gerente de relaciones públicas de Claro, comparte que en las conclusiones de estudios de mercado se indica que el uso de celulares en menores de 7 años es bajo en Guatemala. En el último año, empero, creció el mercado en los segmentos que van de 8 a 11 años y de 12 a 15. Para estos segmentos, los padres prefieren las opciones prepago. Claro pone a disposición del usuario, teléfonos con diseño de Hello Kitty por Q499. Efectos no deseados Para la psicóloga infantil María Virginia Díaz, los niños y adolescentes prefieren los mensajes de texto porque protegen su privacidad. No obstante, se convierten en un sustituto de la comunicación cara a cara. Su uso les permite buscar una excusa personal como “está ocupado”, “no recibió el mensaje” cuando no hay una respuesta, en lugar de tener que asumir el rechazo. Existe el peligro de la dependencia. Ante la carencia de “los mensajitos”, dependiendo de su estado emocional, los niños pueden experimentar baja autoestima, inseguridad o ansiedad. “Es una forma de estar en contacto con los demás sin estarlo realmente”, dice el psiquiatra infantil Ismael Salazar. La experiencia en su clínica le dice que los juegos en red y la adicción al Internet se manifiesta entre los 17 y 21 años. Debajo de esa edad es más común la preferencia por los mensajitos o el chat, que es otra variante de esta adicción. “Lo más preocupante es que los padres no lo ven como una adicción”, agrega. Para Melanie Kaltschmitt madre de dos adolescentes de 16 y 13 años, una forma eficaz de controlar el consumo de mensajitos, es usar tarjetas prepago o descontar de las mesadas los mensajes cobrados extras. |
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