“Los que critican son tres o cuatro gatos. Son los mismos de siempre”, dijo la señora Sandra Torres Casanova de Colom al referirse al examen constante al que es sometido su nombramiento como coordinadora del Consejo de Cohesión Social. Una frase que, aunque dicha en tono apacible, refleja el profundo desagrado de la señora Torres al estar en la mira de políticos y periodistas por el papel tan relevante que juega en el gobierno de su cónyuge.
A quienes conocen de cerca a la señora Torres no les resulta extraño este tipo de expresiones. Doña Sandra, como le dicen reverencialmente sus sicofantes, no es el tipo de personalidad abierta al intercambio de ideas. Si bien es poseedora de un IQ privilegiado y una envidiable capacidad de trabajo, estas no han venido acompañadas de un umbral de tolerancia alto hacia la contradicción, la heterogeneidad ni los casos fortuitos. Esa frase de la señora Torres me recuerda, por su contundencia y la superioridad que exuda, a una atribuida a Elena Ceausescu, la malograda consorte del dictador rumano Nicolae Ceausescu: “No importa cuánta comida les des, los gusanos nunca estarán satisfechos”.
La difunta Elena Ceausescu gustaba ser llamada la Madre de la Nación, a pesar de carecer de amabilidad, dulzura e interés genuino por sus conciudadanos. Lo que a ella realmente le importaba, dicen sus biógrafos, era acumular poder, hacer notar que lo tenía y, sobre todo, ejercerlo sin oposición. Al igual que a la señora Torres, a la finada Elena nadie se atrevió nunca a decirle que podía estar equivocada.
En modo alguno quiero dar la impresión de que la biografía de Ceausescu es similar a la de la señora Torres. Si bien ambas tienen el mérito de haber contribuido a elevar a sus maridos a la Presidencia, de la señora Torres no sabemos que esté promoviendo reforma constitucional alguna para asumir la vicepresidencia ni ser nombrada ministra o secretaria de la presidencia. Ceasescu, en cambio, sí obligó al Partido Comunista a nombrarla Viceprimera Ministra.
La finalidad de esta alusión es solamente recomendar a la señora Torres Casanova que contenga ese temperamento tan abrasivo no vaya a ser que, tal como sucedió a Ceausescu y a otras primeras damas que ejercieron poder, en vez de ayudar al éxito del gobierno de su marido, se constituya en una de las causas de su deterioro.
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