Rafael Espada era para mí una de las pocas caras honestas y decentes de esta administración. Digo “era” porque en un país con los índices de desarrollo comparados con Haití o Bolivia es inconcebible que se traslade en un vehículo blindado por más de US$110 mil, cuando muchos bajan todos los santos del cielo antes de subirse a una camioneta. Además, su figura vicepresidencial ha caído a tercer plano, porque más pareciera desempeñar ese puesto Sandra Torres.
No tire mi confianza a la basura, desista del gasto y colóquese en el lugar que le corresponde como segundo al mando. Tenemos vicepresidente, no una copresidenta.
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