Una de las discusiones fundamentales de las reformas educativas en los estados postconflicto es el abordaje crítico de la barbarie y la violencia que han padecido. Horkheimer en la Alemania de postguerra señalaba que “cualquier debate sobre ideales educativos resulta vano e indiferente en comparación con esto: que Auschwitz no se repita”. Es obvio que no podemos contrastar y comparar cada uno de los genocidios, masacres y exterminios masivos que desafortunadamente han ocurrido a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo. Pero lo acaecido en Guatemala, en su propia singularidad, nos llama al cuestionamiento más profundo acerca de nuestra identidad más originaria como sociedad. Aunque aparentemos estar como si nada haya ocurrido y aspiremos a construir otro futuro, el pasado nos asaltará hasta que lo resolvamos.
El silencio y el miedo al final de cuentas no nos dejarán en paz para reconstruir nuestro porvenir. Porque al final de cuentas, no se trata de “abusar de la memoria”, sino de liberarnos del pasado, como diría Todorov. Pero para ello debemos confrontarnos con nosotros mismos y despojarnos de los estragos personales y sociales que nos provocó la guerra interna.
Gerardi fue un visionario en este sentido. Su trabajo en el Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica nos hace un llamado para quebrar el silencio y atrevernos a decir: “Guatemala, Nunca Más”. Se trata del proyecto más ambicioso, más noble y a la vez más doloroso que debemos asumir. Porque la reconstrucción de una sociedad pacífica y el sentido ético de país va más allá de mostrar un compromiso auténtico con los sobrevivientes.
El gesto más humano de nuestra sociedad consiste en afrontar y revertir las causas que motivaron el conflicto y que no han sido erradicadas en nuestra sociedad: la pobreza, la marginación y la discriminación. Se trata de curar nuestras propias deformaciones y efectos de la guerra porque a pesar de ser conscientes de lo que ocurrió, lo evadimos sin afrontarlo como ciudadanos. Vencer el miedo es una tarea educativa ardua.
Gerardi nos dejó un proyecto de recuperación del presente y, sobre todo del futuro, asumiendo el pasado y liberándonos de su horror. Tarea que debe asumir la escuela. Con ello se abre el horizonte del aprendizaje de ser humano y afrontar los peligros y amenazas actuales.
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