En las últimas décadas, gobiernos y líderes económicos han propugnado por el libre mercado como paradigma para el desarrollo de las naciones y la riqueza de los pueblos. Deje usted al mercado libre y él encontrara por sí mismo la lógica para el bienestar, la riqueza y el desarrollo. Como muestra de lo que pasa cuando uno deja al león suelto, la crisis actual en los Estados Unidos de América generada por la burbuja de las hipotecas y mercados financieros es ejemplo de lo que una economía de mercado no regulada puede producir: avaricia, egoísmo, codicia y su contraparte natural, la miseria y la inequidad progresiva. Hoy en Estados Unidos la clase media está más pobre que antes, más desilusionada con su sistema, y las corporaciones hacen de las suyas sin la vigilia en pro del juego justo y el bienestar común. Le suena parecido, Bancafé y Banco de Comercio a gran escala.
Las teorías de Keynes y otros edificadas sobre el libre intercambio, nos enseñaron que si los pueblos reprimen el mercado, terminan en hambrunas; pero si se eliminan todos sus balances y regulaciones democráticos, el sistema se autoconsume y destruye. Influyentes economistas y empresarios en Guatemala han abanderado el liberalismo, con ansias de restringir aún más este Estado desnutrido, y ahora ante esta crisis ¿como lo explican? ¿No fue eso lo que hizo el Gobierno norteamericano, liberar la economía y los controles a la banca y las financieras? ¿Y ahora quién pagará el rescate? Los contribuyentes, los ciudadanos que aportan con su trabajo. Porque la mayoría de corporaciones ni siquiera contribuyen con sus impuestos a cabalidad. El problema no es la teoría de mercado, sino el fundamentalismo de aquellos que la promulgan como única vía para el desarrollo.
Lo que más impacta en Guatemala es cómo sus elites intelectuales, tanto conservadoras como progresistas, se paralizan ante el tsunami de la recesión económica que nos acecha. El actual gobierno sale a propugnar medidas populistas, sin tener claro qué hacer ante la avalancha. Y los economistas de la USAC, de la URL, y hasta de la UFM, como puros espectadores romanos, viendo la tragedia de lejos. No hay debate, no hay propuestas claras.
Lo único que los ciudadanos sabemos es que la situación se pondrá peor, una inflación que galopa en ascenso, el poder adquisitivo a la baja (el quetzal compra un tercio menos que hace 1 año), los combustibles en escalada, y una clase media que se achica a pasos gigantes.
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