Nuestro país es conocido mundialmente por el histórico acoso, represión empresarial y gubernamental a la organización de los trabajadores. Desde los vericuetos legales que deben sortearse para constituir un sindicato, a las maniobras patronales, asesoradas por eficientes “leguleyos” para desestimular a los trabajadores, hasta la represión abierta. Sin embargo, aún en estas difíciles condiciones, es justo reconocer los innumerables aportes de los trabajadores sindicalizados a la sociedad nacional. Dentro de estos, el conjunto de derechos laborales del que ahora gozamos. La defensa de la democracia documentada en la lucha contra la tiranía de Jorge Ubico, y en la historia reciente, en contra de las dictaduras militares, desde Carlos Castillo Armas hasta Humberto Mejía Víctores, habiendo contribuido al aislamiento internacional de estos regímenes y finalmente a su caída. Para el golpe de Estado de Jorge Serrano Elías, las federaciones sindicales asumieron la dirección de los sectores populares, logrando en conjunto con otras fuerzas ciudadanas abortar la intentona. Como última mención, los Acuerdos de Paz, que tuvieron en el movimiento sindical a un aliado promotor permanente y propositivo. Es decir, que el espacio político que ahora tenemos se debe en buena medida al enorme sacrificio y a la lucha que los trabajadores libraron, en su momento, desde el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS) hasta la Unidad de Acción Sindical y Popular (UASP), entre otras expresiones sociales. Sin embargo, la represión al movimiento sindical no se detiene, recién en el gobierno anterior fueron asesinados Pedro Zamora Álvarez, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Empresa Portuaria Quetzal; Marco Tulio Ramírez Portela, secretario de Cultura y Deportes del Sindicato de Trabajadores Bananeros de Izabal. Atentado fallido contra la vida del dirigente campesino Estanislao Calel Tzic, presidente de la junta directiva del Comité de Desarrollo Campesino. (Codeca). Todos actos criminales aún no esclarecidos. En el período gubernamental actual, aún no se conocen las directrices para el fomento, promoción, desarrollo y consolidación de la fuerza sindical. La suscripción del Pacto Colectivo de Condiciones Laborales con el Sindicato Nacional de Maestros, es una señal correcta en esta dirección. Ahora esperamos que la fuerza coercitiva del Estado evite que en las fincas y maquilas se despida a los trabajadores y trabajadoras por pretender organizarse.
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